Green Bullet
Bovino de alcurnia
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- 11 May 2009
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- #1
Aqui una reflexión que me hizo pensar, espero les agrade.
Salu2
Papá, ¿cuanto ganas por hora?
-Papá, ¿cuanto ganas por hora? - con voz tímida y ojos de admiración, un pequeño
recibía así a su padre al termino de su trabajo.
El padre dirigió un gesto severo al niño y repuso:
- Mira hijo, esos informes ni tu madre los conoce. No molestes que estoy cansado.
- Pero papá- insistia - dime por favor, ¿cuanto ganas por hora? - La reacción del
padre fue menos severa. Solo contestó: 200 pesos la hora.
- Papá, ¿me podrías prestar 100 pesos? - preguntó el pequeño.
El padre, lleno de cólera y tratando con brusquedad al niño, dijo:
- Así que esa era la razón de saber lo que gano. Vete a dormir y no me molestes,
muchacho aprovechado.
Había caído la noche. El padre meditó sobre lo sucedido y se sintió culpable. Tal
vez su hijo quería comprar algo. Para descargar su conciencia dolida, se asomó al
cuarto de su hijo. Con voz baja preguntó al pequeño:
- ¿Duermes, hijo?
- Dime papá- respondió entre sueños.
- Aquí tienes el dinero que me pediste - respondió el padre.
- Gracias, papá- contesto el pequeño. Y metiendo su mano bajo la almohada,
sacó unos billetes.
- ¡Ahora ya completé, papá! ¡Ya complete! Tengo 200 pesos. ¿Podrías venderme una hora de tu
tiempo?
Salu2
Papá, ¿cuanto ganas por hora?
-Papá, ¿cuanto ganas por hora? - con voz tímida y ojos de admiración, un pequeño
recibía así a su padre al termino de su trabajo.
El padre dirigió un gesto severo al niño y repuso:
- Mira hijo, esos informes ni tu madre los conoce. No molestes que estoy cansado.
- Pero papá- insistia - dime por favor, ¿cuanto ganas por hora? - La reacción del
padre fue menos severa. Solo contestó: 200 pesos la hora.
- Papá, ¿me podrías prestar 100 pesos? - preguntó el pequeño.
El padre, lleno de cólera y tratando con brusquedad al niño, dijo:
- Así que esa era la razón de saber lo que gano. Vete a dormir y no me molestes,
muchacho aprovechado.
Había caído la noche. El padre meditó sobre lo sucedido y se sintió culpable. Tal
vez su hijo quería comprar algo. Para descargar su conciencia dolida, se asomó al
cuarto de su hijo. Con voz baja preguntó al pequeño:
- ¿Duermes, hijo?
- Dime papá- respondió entre sueños.
- Aquí tienes el dinero que me pediste - respondió el padre.
- Gracias, papá- contesto el pequeño. Y metiendo su mano bajo la almohada,
sacó unos billetes.
- ¡Ahora ya completé, papá! ¡Ya complete! Tengo 200 pesos. ¿Podrías venderme una hora de tu
tiempo?