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Asistimos admirados a la aparición de movimientos de indignados ciudadanos por algunas de las ciudades más importantes del mundo occidental reclamando cambios a las políticas de sus instituciones e instancias de poder. La ola de cambio que naciera en Egipto y a la que los españoles dieran forma y propuesta tanto de planteamientos políticos así como de estrategias y tácticas va caminado y está siendo adoptada y adaptada a las realidades concretas a donde llega el aliento de la necesidad de cambiar algunas cosas en los gobiernos y poderes de dichos países.
En lo que atañe a México donde sobran las razones como para que surja un movimiento similar al español o al de Wall Street y donde hay buena parte de la población, sobre todo joven, con acceso a medios y canales comunicativos alternos a los tradicionales, en concreto con acceso a internet y las redes sociales, es la hora que no ha surgido algo siquiera parecido a un movimiento de indignados. ¿Por qué?
Veamos algunos aspectos.
En los países donde han surgido movimientos de indignados la sociedad más o menos sigue confiando y cree que el sistema que los rige sigue siendo válido y que lo que hay que cambiar son algunas de las políticas de dicho sistema que les son adversas y junto con éstas políticas a las personas y grupos que las vienen poniendo en práctica. No se plantea ninguna revolución radical ni cosa parecida.
En México, en cambio, ya nadie cree en el sistema mucho menos a los que se encargan de que siga funcionando pues las esferas de lo social-sociedad y la esfera del poder político-financiero del país no se tocan y la relación que existe entre una y otra se concreta en sacarle impuestos y vivir de éstos por parte de la del poder a la de lo social. De ahí que parezca que a nadie le interesa cambiar ESE sistema en particular pues no le ve el caso. Todos coincidimos en que no nos sirve, que está descompuesto e inservible por eso resulta inútil invertir en repararlo como sí ocurre, por ejemplo, en España o en Wall Street donde se sigue viendo válido reparar sus propios sistemas.
Por lo mismo se ve con desconfianza en México a los “movimientos” que han surgido en fechas recientes como el Movimiento por la paz con justicia y dignidad de Sicilia o el prácticamente desconocido, en la calle no así en los medios, de #ReformapolíticaYA que es conformado por un grupo todavía menor de personas pero que hacen remedo de las acampadas españolas en la cámara de senadores acá en México o de igual manera se ve con desconfianza a ratos el movimiento MORENA de López Obrador. Estos movimientos se ven con desconfianza pues una característica que comparten es que cuando no buscan negociar, pactar y tranzar con unas instituciones políticas carentes de legitimidad y por lo mismo de autoridad, buscan ocupar dichas posiciones pero sin tocar las estructuras como es el caso de MORENA. Para el imaginario popular lo que buscan no es crear un nuevo tipo de relación entre las esferas de poder y sociedad sino simplemente aprovechar un discurso y momento histórico para acceder e insertarse ellos mismos en la esfera de poder.
En ése sentido y como no se vislumbra la necesidad en México de cambiarle nada al sistema si no más bien de reemplazarlo por completo y como los movimientos que menciono no se plantean reemplazar lo inservible si no que todavía creen que tiene remedio e intentan adentrarse para “desde adentro” (o “desde arriba” como usted guste) arreglarlo, es que no tienen el apoyo popular y no terminan de prender como se espera de acuerdo a su retórica.
Otro aspecto a tomar en cuenta es el tipo de relaciones que se dan entre los individuos de dichas sociedades que tienen movimientos reales de indignados en especial las relaciones entre grupos de individuos de éstas mismas pues las relaciones de éstos grupos de individuos pasa en algún momento por plantearse asuntos públicos pero sobre todo por estar plenamente convencidos de que pueden y deben incidir en las directrices de dichos asuntos públicos. No es que en México no existan relaciones entre individuos o entre grupos de individuos pero las que pueden incidir en lo público, es decir las de los grupos de individuos, en México NO pasan por plantearse asuntos públicos ni políticos mucho menos pasa el plantearse hacer cambios. Somos buenos para relaciones festivas, ritualistas, o de otra índole menos la de los asuntos políticos.
Hay otros aspectos seguramente y uno de los principales es el que tiene que ver con el carácter de los mexicanos entendiendo éste como la capacidad de afrontar, resolver y reconstituirse ante los problemas pero dicho aspecto va a requerir una entrada completa y exclusiva, prometo abordarlo en otra ocasión.
Concluyendo. En México no va a haber, de momento, un movimiento similar al de los indignados pues aunque vemos y coincidimos en la necesidad de hacerlo, de tenerlo, no se ve, no hay una alternativa o una propuesta, otra vez, de momento, que nos motive levantar la ceja, el puño y plantar cara a los que nos expolian y tan campantes celebran justo eso, que no seamos capaces ni siquiera de levantar la ceja ante sus rapacidades. Por que como dice mi mujer, en México el sistema, el gobierno, los partidos políticos son expertos en cooptar, copar y disolver movimientos sociales pero los movimientos sociales no hemos aprendido, de momento, a copar y disolver gobiernos, partidos políticos o sistemas.
Pero también ambos coincidimos en que para lograr esto es sólo cuestión de tiempo y de trabajo, eso sí, mucho trabajo pero nada que sea imposible.
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