Mar_sin_sueño
Becerro
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- 30 Sep 2026
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Hola a todos, aquí Mar, empezando en esto de compartir aventuras. Y bueno les dejo este relato que espero lo encuentren muy interesante.
Hace unos años, trabaja como asistente en un despacho de ingenieria, en el cual tenía que viajar de vez en cuando a otra ciudad junto con mi jefe para un proyecto. La empresa para cual trabajábamos, nos recibía e ibamos a juntas, recorridos, comidas y así. En esta empresa trabaja un inge ya de unos 50 y algo, que cada que ibamos me tiraba piropos, nada vulgar, algunos de sus compañeros me bromeaban que cuando ya sabían que íbamos a ir se perfumaba de más e iba muy bien vestido. Me sentía halagada pero hasta ahí.
En pláticas con mi jefe él me bromebada diciendo que ya le diera una oportunidad, que a lo mejor nos echaba la mano para avanzar con el proyecto (jajaja). Y pues yo nomás decía que no era mi tipo.
Total, que en uno de esos viajes, pues coincide que ya tenía rato que no tenía acción y estaba en esos días que una se pone más querendona de lo normal. Hacía un calor intenso ese día, y pues iba medio escotada de la camisa. Nos recibieron normal y al saludarme ese día me besó la mano y pasó la suya por mi brazo. Me gustó la bienvenida jeje. Durante el recorrido sentía como me iba mirando, en una de esas que me suelta una invitación a cenar. Sonreí de cortesía y le dije que lo iba a pensar. Más adelante en un momento que estaban todos distraídos, me le acerqué y le pasé mi número. Diciéndole que me mandara mensaje al rato para ponernos de acuerdo para la cena. Trajo una sonrisota todo el resto del recorrido y de la reunión. Hasta creo que ni estaba poniendo atención.
Acabó todo y nos fuimos al hotel donde nos hospedamos regularmente. A veces solía cenar con mi jefe en el restaurante del hotel o íbamos a algunos lugares que ya conocíamos cerca, pero ese día me dijo que se sentía muy cansado y que lo disculpara, que fuera a cenar donde más me pareciera.
Le dije que estaba bien. Subí a mi habitación, me di un baño, con el agua caliente sobre mi cuerpo, no sé si por esos días, el calor, el beso en la mano, pero me excité un poco y me comencé a tocar en la regadera, agarraba mis pechos, jugaba con mi clitoris y me metía los dedos. Estaba sintiendo muy rico pero no era lo que quería precisamente. Continué bañándome y salí. Me puse un juego de bra y calzón rosita y un vestido normalon pero lindo.
Pasó por mi al hotel, bajé y me subí a su coche. Nos fuimos a un restaurante bonito, coqueto, adecuado para una cita romántica jaja. Cenamos y fuimos pidiendo unos tragos de esos de coctelería. Cuando acabamos la cena seguimos platicando, se pasó de mi lado de la mesa, en la butaca, y mientras me contaba cosas de su vida laboral acariciaba mi espalda muy delicioso. Agarró más confianza y empezó a acariciar suavemente mi pierna, y masajear mis hombros y cuello, yo se lo iba permitiendo. Pedimos la cuenta y en lo que él pagaba fui al baño, al regresar pasé mis uñas por la espalda y le di un besito de piquito.
Al salir me dijo que se le antojaba una cerveza, y le respondí que a mí también. Me dijo: vamos por unas al oxxo y de ahí vamos a un hotel. Me quedé unos segundos en silencio y respondí: vamos.
Subimos de nuevo al carro y como si fuéramos siguiendo su plan, llegamos a un oxxo en menos de 5 minutos, sin necesidad de mapa llegamos al hotel en otros 5.
-Parece que ya tenías muy bien hecha la estrategia, dije
-Un poco, respondió.
Entramos al hotel, pidió la habitación y unos condones.Subimos y nos pusimos cómodos. Destapamos la cerveza y seguimos conversando un poco sentados en la orilla de la cama.
Continuó acariciándome la espalda, y la pierna, solo que esta vez sus manos se esforzaban por hacerlo por debajo de la tela del vestido. En un momento de silencio, le dije: pues ya, no?
Dejamos las botellas en el buró y comenzamos a besarnos lenta y deliciosamente. Íbamos de los besos lentos y otros más intensos en los que su lengua entraba a mi boca y yo respondía succionándola un poco para luego meter mi lengua en su boca.
Nos pusimos de pie para quitarnos toda la ropa, y al ver mi conjunto de ropa interior dijo:
-Parece que tú también ya tenías hecho tu plan
No dije nada y sonreí. Creo que eso elevó su lujuria sobre mí. Me besaba los labios, el cuello, y sacó una de mis chichis de la copa del bra para lamer el pezón. Comenzó a acariciar mi puchita por sobre la ropa. Yo pasaba las manos sobre su espalda, y las uñas en su piel.
“ay yaaa!” le dije
¿Ya que?, preguntó,
Pues ya, volví a decir.
No hizo caso y siguió. Me quito el bra. Y se abalanzó sobre mis pechos al liberarlos por completo. No sabes cuando había soñado con esto, me dijo, que quiero disfrutarlo. Se agasajó con ellos, succionaba, mordía, lamía, las apretaba, pellizcaba, amasaba. Yo solo disfrutaba ver sus gestos de gozo.
Me agarró del cabello y me puso de rodillas frente a su vergota.
-Ay inge, quién diría que la tenía así, dije
-Pues ya ves, tú que no querías
-De haber sabido…
Se rió, tomó su verga con la mano izquierda para acercarla a mi boca, comencé a mamarsela. Con su mano derecha controlaba mi cabeza, cuando quería me jalaba del pelo y me dirigía hacia sus bolas, y de regreso a chuparsela. O me empujaba leve para que me la tragara toda, forzándome a aguantar. Y jalaba nuevamente para dejarme respirar.
Para esto, había puesto en su celular musica de salsa, y sonó esa que dice “había soñado tanto, este precioso momento, estoy entrando en tu cuerpo”, y me dijo: así estoy ahorita, como en esa canción.
-Aún no entras, respondí con una sonrisita perversa
-Pues tú ya querías no, ahi voy, respondió
-Ahora ya nada jaja, dije mientras seguía con mi risita
-Quieres ver que si putita? y me dio una cachetada
-A ver otra,
Me dio varias cachetadas. hasta que le dije que ya la quería sentir. Parecía que disfrutaba que ahora fuera yo la que pedía continuar. Me agarró con fuerza del cabello para hacerme levantar, me recargó sobre el potro. Puso la puntita de su verga justo en el blanco y empezó a bombear a un ritmo ni rápido ni lento, el exacto para hacerme poner los ojos en blanco y gemir de placer. Mientras me cogía me daba nalgadas, y me decía que ya se la había jalado mucho pensando cómo me cogía. Que hoy ninguna gota de su semen se caería al suelo. Me cogía con cierta furia, furia que quizá sentía cada vez que lo rechazaba. Sonaba delicioso el choque de nuestras pieles, el de su palma contra mis nalgas, el de mis gemidos en el eco de la habitación.
Me la sacó y se subió al potro, me dijo con voz de mando: súbete.
Yo obedecí, me monté sobre su verga y empecé a moverme de atrás hacia adelante. Sintiendo su verga palpitar dentro de mí. Empecé a moverme de arriba a abajo dándome sentones, mientras él le daba golpecitos a mis pechos que rebotaban y apretaba mis nalgas.
Me dijo que ya se quería venir. Pero le dije que fuéramos a la cama. Me abrí de piernas y él entró nuevamente. Siguió bombeando intensamente, yo aproveché para comenzar a masajear mi clítoris. Vamos a llegar juntos, le dije. Pero él seguía concentrado. Me daba cachetadas con intensidad. Siguió bombeando y me seguí masturbando hasta que terminé, grité un poco y al sentir los espasmos de mi vagina dejó salir todo su semen.
Trató de sacarla a tiempo pero la mayor parte, que era bastante, sí fue dentro.
-Pensé que habías dicho que ni una gota al suelo.
-Sí, pero…que tal que no.
-Bueno, ya me la habías metido así.
Tomé un poco del semen que quedó fuera y lo saboreé con la lengua. Mientras él estaba de rodillas sobre la cama, me giré y comencé a lengüetear su verga, moviendo mis nalgas de manera juguetona.
Se estiró para darme una nalgada.
-¿Quién diría que eras bien cachonda?
-Normal, dije, pero pues me gustó tu pene.
-Se ve que te encanta.
Me metí a la regadera, necesitaba enjuagarme y además el calor de esa ciudad era más pesado para mí de lo que estaba acostumbrada.
Hace unos años, trabaja como asistente en un despacho de ingenieria, en el cual tenía que viajar de vez en cuando a otra ciudad junto con mi jefe para un proyecto. La empresa para cual trabajábamos, nos recibía e ibamos a juntas, recorridos, comidas y así. En esta empresa trabaja un inge ya de unos 50 y algo, que cada que ibamos me tiraba piropos, nada vulgar, algunos de sus compañeros me bromeaban que cuando ya sabían que íbamos a ir se perfumaba de más e iba muy bien vestido. Me sentía halagada pero hasta ahí.
En pláticas con mi jefe él me bromebada diciendo que ya le diera una oportunidad, que a lo mejor nos echaba la mano para avanzar con el proyecto (jajaja). Y pues yo nomás decía que no era mi tipo.
Total, que en uno de esos viajes, pues coincide que ya tenía rato que no tenía acción y estaba en esos días que una se pone más querendona de lo normal. Hacía un calor intenso ese día, y pues iba medio escotada de la camisa. Nos recibieron normal y al saludarme ese día me besó la mano y pasó la suya por mi brazo. Me gustó la bienvenida jeje. Durante el recorrido sentía como me iba mirando, en una de esas que me suelta una invitación a cenar. Sonreí de cortesía y le dije que lo iba a pensar. Más adelante en un momento que estaban todos distraídos, me le acerqué y le pasé mi número. Diciéndole que me mandara mensaje al rato para ponernos de acuerdo para la cena. Trajo una sonrisota todo el resto del recorrido y de la reunión. Hasta creo que ni estaba poniendo atención.
Acabó todo y nos fuimos al hotel donde nos hospedamos regularmente. A veces solía cenar con mi jefe en el restaurante del hotel o íbamos a algunos lugares que ya conocíamos cerca, pero ese día me dijo que se sentía muy cansado y que lo disculpara, que fuera a cenar donde más me pareciera.
Le dije que estaba bien. Subí a mi habitación, me di un baño, con el agua caliente sobre mi cuerpo, no sé si por esos días, el calor, el beso en la mano, pero me excité un poco y me comencé a tocar en la regadera, agarraba mis pechos, jugaba con mi clitoris y me metía los dedos. Estaba sintiendo muy rico pero no era lo que quería precisamente. Continué bañándome y salí. Me puse un juego de bra y calzón rosita y un vestido normalon pero lindo.
Pasó por mi al hotel, bajé y me subí a su coche. Nos fuimos a un restaurante bonito, coqueto, adecuado para una cita romántica jaja. Cenamos y fuimos pidiendo unos tragos de esos de coctelería. Cuando acabamos la cena seguimos platicando, se pasó de mi lado de la mesa, en la butaca, y mientras me contaba cosas de su vida laboral acariciaba mi espalda muy delicioso. Agarró más confianza y empezó a acariciar suavemente mi pierna, y masajear mis hombros y cuello, yo se lo iba permitiendo. Pedimos la cuenta y en lo que él pagaba fui al baño, al regresar pasé mis uñas por la espalda y le di un besito de piquito.
Al salir me dijo que se le antojaba una cerveza, y le respondí que a mí también. Me dijo: vamos por unas al oxxo y de ahí vamos a un hotel. Me quedé unos segundos en silencio y respondí: vamos.
Subimos de nuevo al carro y como si fuéramos siguiendo su plan, llegamos a un oxxo en menos de 5 minutos, sin necesidad de mapa llegamos al hotel en otros 5.
-Parece que ya tenías muy bien hecha la estrategia, dije
-Un poco, respondió.
Entramos al hotel, pidió la habitación y unos condones.Subimos y nos pusimos cómodos. Destapamos la cerveza y seguimos conversando un poco sentados en la orilla de la cama.
Continuó acariciándome la espalda, y la pierna, solo que esta vez sus manos se esforzaban por hacerlo por debajo de la tela del vestido. En un momento de silencio, le dije: pues ya, no?
Dejamos las botellas en el buró y comenzamos a besarnos lenta y deliciosamente. Íbamos de los besos lentos y otros más intensos en los que su lengua entraba a mi boca y yo respondía succionándola un poco para luego meter mi lengua en su boca.
Nos pusimos de pie para quitarnos toda la ropa, y al ver mi conjunto de ropa interior dijo:
-Parece que tú también ya tenías hecho tu plan
No dije nada y sonreí. Creo que eso elevó su lujuria sobre mí. Me besaba los labios, el cuello, y sacó una de mis chichis de la copa del bra para lamer el pezón. Comenzó a acariciar mi puchita por sobre la ropa. Yo pasaba las manos sobre su espalda, y las uñas en su piel.
“ay yaaa!” le dije
¿Ya que?, preguntó,
Pues ya, volví a decir.
No hizo caso y siguió. Me quito el bra. Y se abalanzó sobre mis pechos al liberarlos por completo. No sabes cuando había soñado con esto, me dijo, que quiero disfrutarlo. Se agasajó con ellos, succionaba, mordía, lamía, las apretaba, pellizcaba, amasaba. Yo solo disfrutaba ver sus gestos de gozo.
Me agarró del cabello y me puso de rodillas frente a su vergota.
-Ay inge, quién diría que la tenía así, dije
-Pues ya ves, tú que no querías
-De haber sabido…
Se rió, tomó su verga con la mano izquierda para acercarla a mi boca, comencé a mamarsela. Con su mano derecha controlaba mi cabeza, cuando quería me jalaba del pelo y me dirigía hacia sus bolas, y de regreso a chuparsela. O me empujaba leve para que me la tragara toda, forzándome a aguantar. Y jalaba nuevamente para dejarme respirar.
Para esto, había puesto en su celular musica de salsa, y sonó esa que dice “había soñado tanto, este precioso momento, estoy entrando en tu cuerpo”, y me dijo: así estoy ahorita, como en esa canción.
-Aún no entras, respondí con una sonrisita perversa
-Pues tú ya querías no, ahi voy, respondió
-Ahora ya nada jaja, dije mientras seguía con mi risita
-Quieres ver que si putita? y me dio una cachetada
-A ver otra,
Me dio varias cachetadas. hasta que le dije que ya la quería sentir. Parecía que disfrutaba que ahora fuera yo la que pedía continuar. Me agarró con fuerza del cabello para hacerme levantar, me recargó sobre el potro. Puso la puntita de su verga justo en el blanco y empezó a bombear a un ritmo ni rápido ni lento, el exacto para hacerme poner los ojos en blanco y gemir de placer. Mientras me cogía me daba nalgadas, y me decía que ya se la había jalado mucho pensando cómo me cogía. Que hoy ninguna gota de su semen se caería al suelo. Me cogía con cierta furia, furia que quizá sentía cada vez que lo rechazaba. Sonaba delicioso el choque de nuestras pieles, el de su palma contra mis nalgas, el de mis gemidos en el eco de la habitación.
Me la sacó y se subió al potro, me dijo con voz de mando: súbete.
Yo obedecí, me monté sobre su verga y empecé a moverme de atrás hacia adelante. Sintiendo su verga palpitar dentro de mí. Empecé a moverme de arriba a abajo dándome sentones, mientras él le daba golpecitos a mis pechos que rebotaban y apretaba mis nalgas.
Me dijo que ya se quería venir. Pero le dije que fuéramos a la cama. Me abrí de piernas y él entró nuevamente. Siguió bombeando intensamente, yo aproveché para comenzar a masajear mi clítoris. Vamos a llegar juntos, le dije. Pero él seguía concentrado. Me daba cachetadas con intensidad. Siguió bombeando y me seguí masturbando hasta que terminé, grité un poco y al sentir los espasmos de mi vagina dejó salir todo su semen.
Trató de sacarla a tiempo pero la mayor parte, que era bastante, sí fue dentro.
-Pensé que habías dicho que ni una gota al suelo.
-Sí, pero…que tal que no.
-Bueno, ya me la habías metido así.
Tomé un poco del semen que quedó fuera y lo saboreé con la lengua. Mientras él estaba de rodillas sobre la cama, me giré y comencé a lengüetear su verga, moviendo mis nalgas de manera juguetona.
Se estiró para darme una nalgada.
-¿Quién diría que eras bien cachonda?
-Normal, dije, pero pues me gustó tu pene.
-Se ve que te encanta.
Me metí a la regadera, necesitaba enjuagarme y además el calor de esa ciudad era más pesado para mí de lo que estaba acostumbrada.