Pues...
Hace algún tiempo compré un apartamento (era más un aparta-estudio) y lo habité solamente por dos meses. La razón: Noches con bruscos cambios de temperatura, la puerta del baño que se azotaba sin motivo alguno y lo peor, era el crujir de la viga central el techo.
Al principio no presté mucha atención a esas cosas y simplemente me acomodé manteniendo siempre cerrada la puerta del baño y usando un buen cobertor en las noches.
Frente al crujir de la viga, culpaba jocosamente al constructor por haber utilizado, tal vez, madera de baja calidad.
Fué solamente cuando el portero del edificio, en un acto sin mala intención y creyendo que yo era conocedor, me mencionó al "pobre tipo" que lo había habitado antes de mi, que me interesé e indagué.
El "pobre tipo" había sido el novio de una modelo muy reconocida que (como para variar en ese mundo del espectáculo), lo había dejado por algún mejor-partido.
Simplemente no pudo lidiar con el desamor y se suicidó COLGÁNDOSE DE LA VIGA QUE CRUJÍA!!!
Cuando supe eso, entendí porqué el precio (un poco más bajo que el promedio para esa zona) y la celeridad con la que hicieron los arreglos legales los de la agencia inmobiliaria que me lo vendió.
Permanecí en él una o dos semanas más.
Pero como decía mi padre, hombre muy sabio: "Al miedo, hijo, nadie le ha puesto calzones".
No tenía ningún sentido vivir atemorizado en el sitio que debe ser santuario de paz y armonía, como debe ser tu hogar.
Lo vendí perdiéndole algún dinerillo, empaqué mis bártulos y tomé las de villadiego.
Mi sentido común me decía que simplemente eran corrientes de aire frío de las montañas, muy factibles en esa zona campestre, las que causaban los descensos de temperatura y lo azotones de la puerta, pero las corrientes de aire no traspasan paredes y ventanas cerradas; que la viga crujía implemente por haber resistido el peso del difunto que la desacomodó, pero lo menos que quieres es imaginarte a un difunto colgando en la mitad de tu casa.
Digamos, pues, que simplemente soy un cobarde y dejemos que los nuevos dueños lidien con el aire frío y los crujidos.