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"Pero qué inútil eres", "tragas como cerdo", "eres un tonto", "si no te portas bien, te voy a dejar de querer", "no me vengas con tus tonterías ahorita porque estoy ocupada".
Algunas de estas frases ¿te recuerdan algo?, tal vez las oíste de tus padres o las has dicho a tus hijos. Son expresiones que surgen del enojo, del cansancio y de la frustración que se van acumulando en la vida diaria, pero que marcan la vida de los niños.
Esta presión constante por parte de los adultos, padres, tíos, maestros o cuidadores, va generando en los niños la idea de tener que hacer todo "bien", para poder ser querido y valorado. Los niños necesitan de la confirmación de los adultos para ir construyendo su autoestima, su autoconcepto; sin embargo, este se ve alterado y genera en ellos la idea de "no valer", "de ser tontos", si no complacen a los demás.
Los niños crecen con la idea de perfección, y se les genera una ansiedad constante cuando sienten que no han realizado las tareas de manera adecuada para los "otros"; viven pendientes de la aprobación de los demás, sobre todo de los padres o tutores.
Algunas de las características de los niños con esta obsesión de perfección son la ansiedad por llegar a tiempo a cualquier evento, rigidez en la conducción de los adultos, "el niño bien portado", y enojo excesivo cuando siente que algo no hizo bien, incluso en los juegos.
No podemos confundir el perfeccionismo con el deseo de mejorar y de hacer bien las cosas. Cuando un niño llega a obsesionarse por hacerlo todo perfecto, se encuentra ante un problema que hay que tratar de corregir.
El perfeccionismo puede ser ventajoso en algunos aspectos, ya que promueve el esfuerzo y el trabajo bien hecho. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones puede llegar a ser una obsesión y provocar ansiedad, depresión y otros trastornos, además de inseguridad, insatisfacción y frustración.
Estas conductas rígidas son avaladas por los padres u otros adultos, y se combinan con la idea de que tiene que "competir" para ser el mejor y llegar a "ser alguien en la vida". Señores y señoras, su hijo o hija ya es alguien en esta vida desde el momento en que nace, una carrera no nos da ese estatus de gente valiosa, valemos solo por el hecho de ser personas.
una pequeña de siete años que, con el mínimo fallo que cometía, como por ejemplo colorear la figura que no era, se ponía histérica y no había forma de calmar su llanto. A veces, el error es que a los niños se les halaga por sus méritos y no por quiénes son. Los padres, en vez de demostrarle cuánto vale cuando hace algo bien, deben demostrárselo diariamente, haga lo que haga. Así crecerá la autoestima del niño.
Si quieren ayudar a sus hijos o alumnos a ser mejores personas, no les denigren con apodos, no les humillen porque "no obedecen", ayúdenles a que piensen, valoren, tomen decisiones y aprendan a ser responsables de sus actos; a que aprendan que el estudiar es la oportunidad de crecer intelectualmente, de conocer el pasado para criticar el presente y construir un mejor futuro.
Para evitar el perfeccionismo en los niños debemos tener en cuenta que:
1. No debemos alabarle cuando observamos que se excede en el tiempo y dedicación que destina a un trabajo concreto; cuando lo hace buscando una continua mejora y debemos hacerle entender que ese tiempo lo puede destinar a otras actividades.
2. Debe fijarse objetivos realistas, aquellos que sean posible conseguir. De esta forma también irá logrando una mayor confianza en si mismo.
3. Cuando no consiga el objetivo previsto, debemos restarle importancia y elogiarle el esfuerzo que ha realizado.
4. Debe entender que no siempre es posible conseguir lo que uno se propone. Cada niño, cada persona tiene unas aptitudes y unas limitaciones que nos permiten desarrollar unas facetas en la vida y otras no. Además, conseguir determinadas metas no depende tan sólo de nosotros, sino también de otros factores.
