Los multimilllonarios, la desigualdad y el crecimiento económico

El miércoles pasado se publicó, como cada año,
la lista de los multimillonarios (personas con al menos mil millones de dólares en riqueza) del mundo que hace la revista Forbes. Una vez más
varios mexicanos aparecieron en la lista, y en primer lugar Carlos Slim quien es anunciado como el hombre más rico del mundo. Los 11 mexicanos son los siquientes:
- Carlos Slim
- Daniel Servitje
- Roberto González Barrera
- Emilio Azcárraga Jean
- Germán Larrea
- Ricardo Salinas Pliego
- Joaquín “El Chapo” Guzmán
- Alberto Balleres
- Roberto Hernández
- Alfredo Harp Helú
- Jerónimo Arango
Una de las cosas interesantes de la lista de este año es que el número de multimillonarios (¿milmillonarios?) está en su máximo histórico (1210 personas según Forbes), incluso después de una de las crisis económicas más profundas en el último siglo.
Hace unos años un grupo de economistas inició lo que se conoce como la
base de datos “Top Incomes” (los ingresos más altos), la cual está construida a partir de los reportes de ingresos que se han hecho a lo largo de la historia a las autoridades fiscales de varios países. Esto quiere decir que las autoridad de países como Argentina, India, China, Estados Unidos, Canadá, Francia, Japón entre otros, hacen públicos de manera regular los datos de cuánto y cuántos (no quienes) reportan los ingresos más altos en sus países (en México el SAT se ha negado a entregar los datos como se puede leer en
esta carta de Nora Lustig).
La base de datos muestra cosas muy interesantes, entre otras la diferencia que hay entre unos países y otros en términos de distribución de la riqueza a partir de su política fiscal. Por ejemplo en la gŕafica que está en la parte de arriba de este post se puede comparar el porcentaje del ingreso total de un país que ha tenido el .1% de la población en Francia, Japón, Estados Unidos y el Reino Unido. Por un lado el porcentaje que acumula esta parte de la población cayó a partir de la segunda guerra mundial en todos los países.
Según Thomas Piketty y Emanuel Saez, esto no se debe sólo a la destrucción de riqueza que implican las guerras, sino a la imposición de políticas fiscales redistributivas sobre el ingreso y la herencia. Por el otro lado se puede apreciar que en dos países en donde se promovió con vehemencia una política económica “neoliberal” y el debilitamiento del Estado de Bienestar, a partir de los años setenta como Estados Unidos y el Reino Unido, la distirbución del ingreso volvió a cambiar en beneficio de los más ricos.
¿Qué los más ricos se hagan más ricos implica que hay mayor crecimiento económico?
Los mismos Pikkety y Saez sostienen que no:
La relación que uno puede querer probar, usando la base de datos, es el impacto de la desigualdad en el crecimiento. Una examinación de la causalidad en las series construidas sugieren que la concentración del ingreso y el crecimiento no están relacionados de manera sistemática. Muchos países (como Francia, Estados Unidos, y Japón) crecieron más rápido en las décadas de la posguerra cuando la concentración de la riqueza estuvo en su punto más bajo. Por lo tanto, uno puede concluir con seguridad que la enorme caída en la concentración de la riqueza entre 1914 y 1945 no impidió que ocurriera un alto crecimiento económico.
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