glorienn
Bovino de alcurnia
- Desde
- 29 Jul 2010
- Mensajes
- 3.479
- Tema Autor
- #1
Artículo de opinión venezolana...
Cualquier parecido con la realidad de otros países es pura coincidencia
Carlos Pelaez
¡Qué pena con esos señores!
(Esos señores somos nosotros)
Yo soy un venezolano que disfruta mucho su tierra. No me siento particularmente orgulloso ni patriota, no siento que sea mejor o peor que ninguna otra ni estoy dispuesto a inmolarme en su honor. Sólo la amo como quien ama a su familia o a su pareja. Por ello disfruto mucho sacando a pasear extranjeros, principalmente porque puedo aprovechar de pasear yo y disfrutarla.
Cuando los extranjeros vienen con buena actitud, todo es maravilloso, uno la pasa muy bien aunque las cosas salgan mal (y algo siempre sale mal, por supuesto). Pero a veces los invitados parecen no tener muy claro a donde están viniendo.
Hace dos años recibimos la visita de un grupo de estudiantes extranjeros y me tocó organizarles la entretención. Se estaban hospedando en el IDEA y las clases eran en el IVIC. Esto significaba que dos veces al día debían recorrer en autobús (contratado, lo cual no evitaba el vallenato a toda mecha) la bajada de Tazón y la Panamericana.
Sacarlos a pasear era un problema. Tenían poco dinero como para pagar taxis, por lo que yo tenía que buscar gente que prestara su carro para buscarlos y sacarlos a conocer. Los llevamos a Todasana y casi nos mata un conductor borracho.
Mi cumpleaños cayó por esos días y tradicionalmente para celebrarlo voy con un grupo a El Maní es Así , lo cual era la ocasión perfecta para llevarlos a bailar salsa (plan por el que rogaban con emoción). Decidimos que no pasarían por el IDEA sino que bajarían directo a Caracas, me esperarían en Las Mercedes (en un sitio muy agradable que les recomendé) mientras yo llegaba con los carros a buscarlos y llevarlos a Sabana Grande.
Pero cuando llegué no estaban ahí. Y no contestaban el teléfono, por lo que después de una hora de espera asumí que estaban cansados y se habían ido a dormir. Era eso o habían sido secuestrados y ya me llamarían desde el CICPC de Parque Caiza.
Al día siguiente, el último día del curso, le pregunté a la que naturalmente había asumido el liderazgo del grupo sobre su paradero la noche anterior. Me dijo que un muchacho del curso (un muchacho de Guasdualito que visitaba Caracas por segunda vez en su vida) les recomendó un sitio ahí mismo en las Mercedes. Ellos, hartos de estar en un vehículo, decidieron atender a la sugerencia.
El sitio en cuestión era un antro de reggaetón y salsa erótica en el que justo ese día se blandieron pistolas al aire y los PM tuvieron que intervenir con su proverbial tacto y donaire. El cuento, por supuesto, fue contado con horror.
Con toda sinceridad y buena intención les dije que lamentaba que les hubiera ido mal, que la próxima vez que visitaran quedábamos pendientes con la noche salsera, pero la muchacha fue clara: “Uuuuy, espero no tener que venir de nuevo”.
Vamos a estar claros, esta niña no era una persona agradable. De hecho era bastante insufrible y lo que les pasó esa noche fue su culpa. Han debido mantenerse en contacto conmigo, han debido hacer caso a mis consejos y no a los de un extraño. En última instancia, han podido disfrutar de la oportunidad de vivir aventuras que en su país serían impensables y, sobre todo, han debido como mínimo agradecer mi gesto de choferearles y organizarles todo en condiciones que, como pudieron comprobar ellos mismo, no eran fáciles.
Pero no es un tema de “¡qué pena con esos señores!”, a mi esta muchacha me caía bastante mal. La pena es con nosotros mismos, por no darnos cuenta de que sufrimos estas cosas todos los días y nos parece de lo más normal. ¿Por qué tengo que pasar 2 horas en cola para llegar al trabajao? ¿Por qué tengo que perder 4 amortiguadores al año en ese plan? ¿Por qué tengo que pagar un taxi cada vez que me tengo que transportar desde un sitio relativamente remoto? ¿Por qué tengo que tratar de adivinar cuándo un conductor está borracho para poder esquivarlo a tiempo? ¿Por qué tengo que pasar lento y bajar la cabeza ante los militares para que no me paren y me revisen el carro? ¿Por qué hay zonas de mi ciudad por las que no me puedo mover? ¿Por qué Las Mercedes huele a cloaca? ¿Por qué tenemos que dañar todas las fachadas de Caracas con un muro de seguridad? ¿Por qué…? ¿Por qué…? ¿Por qué…?
Así que de vez en cuando todos deberíamos recibir a un extranjero quejica, sólo por el ejercicio de definir en cuáles aspectos nuestra vida es subnormal y para recordarnos que debemos ser exigentes con los demás y con nuestros gobiernos. Es una verdadera lástima que el presidente y altos funcionarios encargados de políticas públicas paseen a sus invitados en limosinas blindadas y hoteles 5 estrellas, no les vendría mal una vergüencita.
FUENTE
Cualquier parecido con la realidad de otros países es pura coincidencia

Carlos Pelaez
¡Qué pena con esos señores!
(Esos señores somos nosotros)
Yo soy un venezolano que disfruta mucho su tierra. No me siento particularmente orgulloso ni patriota, no siento que sea mejor o peor que ninguna otra ni estoy dispuesto a inmolarme en su honor. Sólo la amo como quien ama a su familia o a su pareja. Por ello disfruto mucho sacando a pasear extranjeros, principalmente porque puedo aprovechar de pasear yo y disfrutarla.
Cuando los extranjeros vienen con buena actitud, todo es maravilloso, uno la pasa muy bien aunque las cosas salgan mal (y algo siempre sale mal, por supuesto). Pero a veces los invitados parecen no tener muy claro a donde están viniendo.
Hace dos años recibimos la visita de un grupo de estudiantes extranjeros y me tocó organizarles la entretención. Se estaban hospedando en el IDEA y las clases eran en el IVIC. Esto significaba que dos veces al día debían recorrer en autobús (contratado, lo cual no evitaba el vallenato a toda mecha) la bajada de Tazón y la Panamericana.
Sacarlos a pasear era un problema. Tenían poco dinero como para pagar taxis, por lo que yo tenía que buscar gente que prestara su carro para buscarlos y sacarlos a conocer. Los llevamos a Todasana y casi nos mata un conductor borracho.
Mi cumpleaños cayó por esos días y tradicionalmente para celebrarlo voy con un grupo a El Maní es Así , lo cual era la ocasión perfecta para llevarlos a bailar salsa (plan por el que rogaban con emoción). Decidimos que no pasarían por el IDEA sino que bajarían directo a Caracas, me esperarían en Las Mercedes (en un sitio muy agradable que les recomendé) mientras yo llegaba con los carros a buscarlos y llevarlos a Sabana Grande.
Pero cuando llegué no estaban ahí. Y no contestaban el teléfono, por lo que después de una hora de espera asumí que estaban cansados y se habían ido a dormir. Era eso o habían sido secuestrados y ya me llamarían desde el CICPC de Parque Caiza.
Al día siguiente, el último día del curso, le pregunté a la que naturalmente había asumido el liderazgo del grupo sobre su paradero la noche anterior. Me dijo que un muchacho del curso (un muchacho de Guasdualito que visitaba Caracas por segunda vez en su vida) les recomendó un sitio ahí mismo en las Mercedes. Ellos, hartos de estar en un vehículo, decidieron atender a la sugerencia.
El sitio en cuestión era un antro de reggaetón y salsa erótica en el que justo ese día se blandieron pistolas al aire y los PM tuvieron que intervenir con su proverbial tacto y donaire. El cuento, por supuesto, fue contado con horror.
Con toda sinceridad y buena intención les dije que lamentaba que les hubiera ido mal, que la próxima vez que visitaran quedábamos pendientes con la noche salsera, pero la muchacha fue clara: “Uuuuy, espero no tener que venir de nuevo”.
Vamos a estar claros, esta niña no era una persona agradable. De hecho era bastante insufrible y lo que les pasó esa noche fue su culpa. Han debido mantenerse en contacto conmigo, han debido hacer caso a mis consejos y no a los de un extraño. En última instancia, han podido disfrutar de la oportunidad de vivir aventuras que en su país serían impensables y, sobre todo, han debido como mínimo agradecer mi gesto de choferearles y organizarles todo en condiciones que, como pudieron comprobar ellos mismo, no eran fáciles.
Pero no es un tema de “¡qué pena con esos señores!”, a mi esta muchacha me caía bastante mal. La pena es con nosotros mismos, por no darnos cuenta de que sufrimos estas cosas todos los días y nos parece de lo más normal. ¿Por qué tengo que pasar 2 horas en cola para llegar al trabajao? ¿Por qué tengo que perder 4 amortiguadores al año en ese plan? ¿Por qué tengo que pagar un taxi cada vez que me tengo que transportar desde un sitio relativamente remoto? ¿Por qué tengo que tratar de adivinar cuándo un conductor está borracho para poder esquivarlo a tiempo? ¿Por qué tengo que pasar lento y bajar la cabeza ante los militares para que no me paren y me revisen el carro? ¿Por qué hay zonas de mi ciudad por las que no me puedo mover? ¿Por qué Las Mercedes huele a cloaca? ¿Por qué tenemos que dañar todas las fachadas de Caracas con un muro de seguridad? ¿Por qué…? ¿Por qué…? ¿Por qué…?
Así que de vez en cuando todos deberíamos recibir a un extranjero quejica, sólo por el ejercicio de definir en cuáles aspectos nuestra vida es subnormal y para recordarnos que debemos ser exigentes con los demás y con nuestros gobiernos. Es una verdadera lástima que el presidente y altos funcionarios encargados de políticas públicas paseen a sus invitados en limosinas blindadas y hoteles 5 estrellas, no les vendría mal una vergüencita.
FUENTE