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- #1
Hola camaradas bakunos.
Siempre me han interesado los temas sobrenaturales y las leyendas urbanas, y siempre me hace feliz escuchar historias de ese tipo sin importar lo repetidas que estén o lo bizarras que sean. Sin embargo, entre estas últimas, hay un grupo de relatos que llama aún más mi atención: las de apariciones y espantos "únicos". ¿Porqué "únicos"? Porque casi todas las historias se refieren a fenómenos y apariciones que permanentemente ocurren en un lugar y por una causa definida; por ejemplo, una casa en la que se aparece el fantasma de un niño a causa de que murió ahí y que ha sido visto durante muchos años y por personas distintas. En esos casos, aunque la historia sea sobrenatural, el hecho de que espanten parece responder a la relación causa-efecto que encontramos en la vida normal.
Pero hay historias raras de personas y lugares que en una única ocasión, y sin razón o causa aparente, se han cruzado con lo sobrenatural. A continuación pongo algunas de ellas:
Saludos :comillas:
Siempre me han interesado los temas sobrenaturales y las leyendas urbanas, y siempre me hace feliz escuchar historias de ese tipo sin importar lo repetidas que estén o lo bizarras que sean. Sin embargo, entre estas últimas, hay un grupo de relatos que llama aún más mi atención: las de apariciones y espantos "únicos". ¿Porqué "únicos"? Porque casi todas las historias se refieren a fenómenos y apariciones que permanentemente ocurren en un lugar y por una causa definida; por ejemplo, una casa en la que se aparece el fantasma de un niño a causa de que murió ahí y que ha sido visto durante muchos años y por personas distintas. En esos casos, aunque la historia sea sobrenatural, el hecho de que espanten parece responder a la relación causa-efecto que encontramos en la vida normal.
Pero hay historias raras de personas y lugares que en una única ocasión, y sin razón o causa aparente, se han cruzado con lo sobrenatural. A continuación pongo algunas de ellas:
- Una chava que en la noche, frente a la computadora, está haciendo la tarea en la casa de sus papás, quienes se encuentran fuera, de repente abre el cajón del escritorio para buscar unas fotocopias y vio y sintió como una mano tomó la suya tratando de jalarla. Ella dice que aunque se levantó y gritó durante un instante la mano siguió sujetándola y entonces desapareció. Ni sus papás (que habían vivido en la casa por casi 30 años), ni sus hermanos habían tenido una experiencia de ese tipo. Esta chava nunca volvió a experimentar algo por estilo.
- Esta otra me la contó el velador de una casa en Pedregal de Carrasco (al sur del D.F.). Durante dos años y medio vivió en la casa, la cual no tenía muebles (sólo estaba el catre y la cocineta que él empleaba) y nunca tuvo problemas, salvo en una ocasión, como a los tres meses de haber llegado; cuenta que a las cinco de la mañana, cuando apenas comenzaba a clarear, escuchó ruidos en el patio delantero, como si alguien estuviera caminando en la hojarasca. Todavía tiembla al recordar lo que observó al asomarse con toda precaución (pues él creía que habían entrado unos rateros): unas "cosas" (así les dice él) antropomorfas: hombres de facciones desfiguradas, algunos con ojos enormes y otros con hocicos de animal. El velador, creyendo estar loco, abrió la cortina con desesperación y jura y perjura que esas cosas se le quedaron viendo y lentamente se desvanecieron con los primeros rayos de luz de la mañana. Con un miedo de los mil demonios y después de intentar (sin éxito) llevar a un sacerdote a bendecir la casa, se quedó la siguiente noche en espera de lo peor, pero no pasó nada y tampoco las noches siguientes. Poco a poco el miedo dejó paso al recelo y, después, a la indiferencia. El patrón y su familia ahora viven ahí y, que yo sepa, no han visto nada. ¿Y el velador? Sigue trabajando con el mismo patrón y es uno de sus empleados más eficientes.
- Esta historia es una favorita de un servidor porque le ocurrió a mi familia y en una casa que conozco bien. Unos tíos recibieron visitas y después de comer se encontraban alegremente en la sobremesa (en un comedor muy bien iluminado, sobre todo por un amplio ventanal que daba al jardín trasero) cuando de repente apareció un hombre alto, delgado, de rostro cadavérico, con un traje negro, dio un par de pasos, los observó con desdén por un instante y siguió su camino atravesando el ventanal y desapareciendo en la pared del jardín. Está mal que lo diga (en especial teniendo en cuenta que mi tía ya falleció; en buena medida como secuela de lo vivido), pero fue un acontecimiento sensacional en la familia: hubo crisis de llanto e histeria; ambas familias, hasta entonces amigas, se enemistaron acusándose muturamente de "traer lo malo", la hija del otro matrimonio tuvo que recibir atención psicológica durante años, el esposo de mi tía casi se volvió un ermitaño que no quería dejar su casa y mi tía desarrolló una afección cardíaca a partir de lo sucedido. Pero eso sí, jamás volvieron a ver a aquel hombre ni a ninguna otra aparición.
Saludos :comillas: