frafraa
Bovino maduro
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La ‘maternidad prestada’ dejará de ser ciencia ficción en el DF a partir de 2011, sin que esté totalmente regulada.
“Y ésta —dijo el director, abriendo la puerta— es la Sala de Fecundación.
“Enseguida, un grupo de estudiantes maravillados vieron a 300 fecundadores inclinados sobre sus instrumentos para hacer posible que un ovario produjera más de quince mil individuos.”
La cita es de la novela ‘Un Mundo Feliz’, de Aldous Huxley, donde se ve la reproducción humana como un proceso mecanizado, desprovisto de cualquier emotividad. Es ciencia ficción, escrita en 1932, pero hay quienes lo ven como profecía que se cumple, tras la aprobación por la Asamblea de Representantes del D.F. de la Ley de Gestación Subrogada, que convierte en norma jurídica la expresión popular de que no es madre quien engendra sino quien se hace cargo del hijo.
La maternidad subrogada será una práctica legal a partir del primero de enero próximo y cualquier mujer que compruebe ser médicamente estéril podrá contratar los servicios de una madre sustituta.
Las implicaciones morales, sociales y sicológicas de esta medida han polarizado las opiniones. La iglesia calificó de perversidad el hecho y Carlos Montiel, del Consejo de Analistas Católicos, consideró que la decisión de la ALDF es un “dramático extravío antropológico producto de una tiranía del relativismo ético”… cualquier cosa que eso signifique.
Los que están a favor de la maternidad subrogada preguntan ¿qué mal puede verse en una práctica que resuelve los sentimientos de carencia y dolor que provoca la esterilidad? Mientras, expertos en bioética cuestionan el hecho de que se elimine el vínculo íntimo y personal derivado del embarazo y la lactancia.
La cuestión es que, más allá de ofrecer una alternativa al millón y medio de parejas imposibilitadas para concluir la gestación de un hijo, los diputados del D.F., en un gesto que denota su temor a la condena moral, establecieron que, el préstamo de útero se formalizará ante notario público, con una serie de medidas restrictivas para la madre sustituta, pero deberá ser “sin fines de lucro”.
Los contratos de gestación, en los términos planteados por la ley, no reconocen a quienes se alquilan para ser madres y dejan en la indefinición jurídica los acuerdos económicos con los padres biológicos; el derecho a interrumpir el embarazo; la revocación del contrato para quedarse con el hijo gestado.
La falta de regulación en la materia, y el limitado universo de mujeres dispuestas a prestar sus vientres por razones altruistas, puede propiciar tratos supralegales con consecuencias dolorosas para los involucrados.
En un tema que modifica el concepto tradicional de la maternidad, la legislación debe reconocer y regular también los acuerdos que incluyan un pago a las madres sustitutas, con un enfoque comprensivo y respetuoso de las motivaciones personales de quienes optan por esta práctica. Sólo así se podrá tranquilizar a quienes ven en la ley aprobada una señal de que el tren al deshumanizado mundo feliz de Huxley ya partió.
Tomado de la Revista Filos
“Y ésta —dijo el director, abriendo la puerta— es la Sala de Fecundación.
“Enseguida, un grupo de estudiantes maravillados vieron a 300 fecundadores inclinados sobre sus instrumentos para hacer posible que un ovario produjera más de quince mil individuos.”
La cita es de la novela ‘Un Mundo Feliz’, de Aldous Huxley, donde se ve la reproducción humana como un proceso mecanizado, desprovisto de cualquier emotividad. Es ciencia ficción, escrita en 1932, pero hay quienes lo ven como profecía que se cumple, tras la aprobación por la Asamblea de Representantes del D.F. de la Ley de Gestación Subrogada, que convierte en norma jurídica la expresión popular de que no es madre quien engendra sino quien se hace cargo del hijo.
La maternidad subrogada será una práctica legal a partir del primero de enero próximo y cualquier mujer que compruebe ser médicamente estéril podrá contratar los servicios de una madre sustituta.
Las implicaciones morales, sociales y sicológicas de esta medida han polarizado las opiniones. La iglesia calificó de perversidad el hecho y Carlos Montiel, del Consejo de Analistas Católicos, consideró que la decisión de la ALDF es un “dramático extravío antropológico producto de una tiranía del relativismo ético”… cualquier cosa que eso signifique.
Los que están a favor de la maternidad subrogada preguntan ¿qué mal puede verse en una práctica que resuelve los sentimientos de carencia y dolor que provoca la esterilidad? Mientras, expertos en bioética cuestionan el hecho de que se elimine el vínculo íntimo y personal derivado del embarazo y la lactancia.
La cuestión es que, más allá de ofrecer una alternativa al millón y medio de parejas imposibilitadas para concluir la gestación de un hijo, los diputados del D.F., en un gesto que denota su temor a la condena moral, establecieron que, el préstamo de útero se formalizará ante notario público, con una serie de medidas restrictivas para la madre sustituta, pero deberá ser “sin fines de lucro”.
Los contratos de gestación, en los términos planteados por la ley, no reconocen a quienes se alquilan para ser madres y dejan en la indefinición jurídica los acuerdos económicos con los padres biológicos; el derecho a interrumpir el embarazo; la revocación del contrato para quedarse con el hijo gestado.
La falta de regulación en la materia, y el limitado universo de mujeres dispuestas a prestar sus vientres por razones altruistas, puede propiciar tratos supralegales con consecuencias dolorosas para los involucrados.
En un tema que modifica el concepto tradicional de la maternidad, la legislación debe reconocer y regular también los acuerdos que incluyan un pago a las madres sustitutas, con un enfoque comprensivo y respetuoso de las motivaciones personales de quienes optan por esta práctica. Sólo así se podrá tranquilizar a quienes ven en la ley aprobada una señal de que el tren al deshumanizado mundo feliz de Huxley ya partió.
Tomado de la Revista Filos