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Bovino Milenario
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Otra historia mas de querer es poder,asi que por favor no me vengan con chingaderas que no hay de otra mas que andar de narcotraficante,aqui esta una historia que es para que vean que se puede siempre y cuando te lo propongas,en fin les dejo la historia
Jorge Díaz tiene 28 años, estudia Ingeniería Automotriz y entrena box. Hoy tiene una cama donde dormir y disfruta ir a la escuela, para demostrarle a su hijo de nueve años que sí se puede salir adelante.
Hace 10 años, la historia de Jorge era diferente, la calle era su casa y vivió en carne propia la incertidumbre de no saber qué comer ni dónde ir a buscar dinero.
“Soy un chavo huérfano, me abandonaron desde los tres años, me mandaron a las aldeas infantiles, y de ahí sufrí maltratos y por eso desde los siete años viví en la calle”, relató.
Durante más de 10 años, recorrió Indios Verdes, desde Rancho Grande hasta Montevideo, donde conoció a “la banda” con la que se juntó para trabajar de limpia parabrisas, drogarse y conseguir comida.
“En la calle se sufría, sufrías por un taco, sufrías por una moneda, sufrías por un cambio de ropa”, expresó.
Igualmente, señaló que “por peleonero” estuvo dos veces en el reclusorio, lugar donde actualmente se encuentran muchos de sus compañeros. Otros, dijo, han muerto con los años, debido a adicciones que también él tuvo durante su indigencia.
Jorge narró que los días se la pasaba bajo los efectos de la marihuana y la cocaína, en el “cotorreo”. Sin embargo, cuando nació su hijo, decidió ya no vivir en la calle, por lo que aceptó la ayuda del Instituto de Asistencia e Integración Social (Iasis).
“Yo tengo un niño, tiene nueve años. Como estaba en la calle me lo quitó el DIF y fue cuando decidí dejar las drogar. Tengo siete años sin drogarme”, mencionó.
Sobre la madre de su hijo, Jorge platica que ella también vivía en la calle y después de una pelea ya no volvió a saber de ella.
Tras el conflicto, se dio cuenta de la responsabilidad de su hijo, lo que le ayudó a sentar cabeza y a no regresar a la calle. Ahora, invita a más chavos indigentes a que se rehabiliten.
“Cuando veo a chavos de la calle me reflejo en ellos, luego no me creen por lo mismo de la forma en que ando vestido, pero he bajado aquí al Centro y me pongo a limpiar parabrisas con ellos, es cuando me empiezan a creer y me dicen que quieren ayuda”, explicó.
Desde su integración en el IASIS, Jorge ha participado en dos campañas de “En frío invierno, calor humano”, labor que le ha permitido ayudar a más personas que se encuentran en situación de calle.
En ese sentido, declaró que cualquiera puede salir adelante, sólo es cuestión de que se lo propongan.
“Sí se puede, nada más es cuestión de que uno quiera, no necesitas de un albergue ni nada, es cosa de uno mismo”, finalizó.
FUENTE
Jorge Díaz tiene 28 años, estudia Ingeniería Automotriz y entrena box. Hoy tiene una cama donde dormir y disfruta ir a la escuela, para demostrarle a su hijo de nueve años que sí se puede salir adelante.
Hace 10 años, la historia de Jorge era diferente, la calle era su casa y vivió en carne propia la incertidumbre de no saber qué comer ni dónde ir a buscar dinero.
“Soy un chavo huérfano, me abandonaron desde los tres años, me mandaron a las aldeas infantiles, y de ahí sufrí maltratos y por eso desde los siete años viví en la calle”, relató.
Durante más de 10 años, recorrió Indios Verdes, desde Rancho Grande hasta Montevideo, donde conoció a “la banda” con la que se juntó para trabajar de limpia parabrisas, drogarse y conseguir comida.
“En la calle se sufría, sufrías por un taco, sufrías por una moneda, sufrías por un cambio de ropa”, expresó.
Igualmente, señaló que “por peleonero” estuvo dos veces en el reclusorio, lugar donde actualmente se encuentran muchos de sus compañeros. Otros, dijo, han muerto con los años, debido a adicciones que también él tuvo durante su indigencia.
Jorge narró que los días se la pasaba bajo los efectos de la marihuana y la cocaína, en el “cotorreo”. Sin embargo, cuando nació su hijo, decidió ya no vivir en la calle, por lo que aceptó la ayuda del Instituto de Asistencia e Integración Social (Iasis).
“Yo tengo un niño, tiene nueve años. Como estaba en la calle me lo quitó el DIF y fue cuando decidí dejar las drogar. Tengo siete años sin drogarme”, mencionó.
Sobre la madre de su hijo, Jorge platica que ella también vivía en la calle y después de una pelea ya no volvió a saber de ella.
Tras el conflicto, se dio cuenta de la responsabilidad de su hijo, lo que le ayudó a sentar cabeza y a no regresar a la calle. Ahora, invita a más chavos indigentes a que se rehabiliten.
“Cuando veo a chavos de la calle me reflejo en ellos, luego no me creen por lo mismo de la forma en que ando vestido, pero he bajado aquí al Centro y me pongo a limpiar parabrisas con ellos, es cuando me empiezan a creer y me dicen que quieren ayuda”, explicó.
Desde su integración en el IASIS, Jorge ha participado en dos campañas de “En frío invierno, calor humano”, labor que le ha permitido ayudar a más personas que se encuentran en situación de calle.
En ese sentido, declaró que cualquiera puede salir adelante, sólo es cuestión de que se lo propongan.
“Sí se puede, nada más es cuestión de que uno quiera, no necesitas de un albergue ni nada, es cosa de uno mismo”, finalizó.

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