leo_mex76
Bovino Milenario
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Fue a mediados del siglo XIII cuando, de ser considerado sagrado y protector, este astuto e independiente animal pasó a ser visto como “diabólico”. Así es como empezó una verdadera masacre que estuvo a punto provocar su extinción. De entre todos los mininos, los de color negro y pelaje corto eran los más temidos. En cualquier acto que se considerara maléfico y demoniaco la Iglesia detectaba la presencia del gato. Cuando el papa Clemente V y el rey francés Felipe el Hermoso decidieron acabar con la poderosa Orden de los templarios a principios del siglo XIV, entre las muchas calumnias de las que se acusó a los monjes-guerreros figuraba la de adorar al diablo en forma de un enorme gato. Asimismo, en aquella época eran muchas las mujeres que vivían con la única compañía de uno o varios gatos, lo que la autoridad eclesiástica interpretaba como una clara “asociación” bruja-animal diabólico. En pocas décadas fueron millones los gatos asesinados a palos, quemados, ahorcados, lapidados o asaetados. La mortandad fue tal que en la segunda mitad del siglo XIV apenas quedaban felinos en las grandes ciudades de la época y pocos en los pueblos, lo que provocó indirectamente la peor pandemia de toda la Edad Media: la peste negra.
LA PESTE NEGRA
Esta terrible enfermedad era trasmitida principalmente por las ratas y, debido a la escasez de su enemigo natural, el gato, los roedores campaban a sus anchas por villas, pueblos y ciudades. Los investigadores calculan que más de 25 millones de personas murieron por su causa. Si hubiera habido el mismo número de gatos que antes de su persecución, la incidencia de la peste entre la población europea habría sido sin duda menor y habrían muerto muchas menos personas.
En aquellos tiempos la Iglesia alentó de tal modo el extermino de la raza gatuna que, según la especialista Aurora Sáez y otros estudiosos, en la Noche de San Juan se celebraban espectáculos multitudinarios en los que miles de gatos eran lanzados a las hogueras para regocijo y “purificación” de las gentes. Entre todos los enemigos de estos pobres animales destacó por su obsesión el papa Inocencio VIII, que ordenó que cada vez que se quemara a una hechicera ardieran junto a ella en la hoguera todos los gatos que fueran de su propiedad o que vivieran cerca. Durante una buena parte del siglo XV el gato estuvo en verdadero peligro de extinción en Europa. En aquellos días se creía que las brujas se convertían a voluntad en enormes gatos, como se aseguró en Salem (EE. UU.), durante los procesos de Essex (Reino Unido) o en algunos países del este y del centro de Europa en los que se asociaba a los gatos con los no-muertos, los temibles vampiros.
Sería el rey francés Luis XIII (1601- 1643), llamado El Justo y gran amante de los animales –principalmente de los perros–, quien, hastiado de tanta crueldad y barbarie, prohibió y castigó la matanza masiva de gatos, iniciativa que se extendió a otros países europeos. A mediados del siglo XVII el gato recuperó muy lentamente su lugar de privilegio, primero como cazador de ratas y demás roedores y más tarde como excelente animal de compañía y fiel partícipe de los alegres juegos infantiles.
CREENCIAS Y SUPERSTICIONES
Como sucede con cualquier otro aspecto de la vida humana, las creencias sobre las propiedades de los gatos cambian en cada país. Pese a su relación directa con la brujería, en el Reino Unido los gatos negros son considerados desde hace algunos siglos portadores de buena suerte, todo lo contrario de lo que sucede en España, Portugal, el sur de Estados Unidos y algunos países iberoamericanos, así como en Sicilia (Italia), donde durante siglos el gato, especialmente el de pelaje oscuro, ha estado asociado al mal de ojo. Otro curioso factor extendido entre los habitantes del mundo rural mediterráneo es que si un gato nos precede en el paso es augurio de buena suerte, pero si se nos cruza por delante simboliza lo contrario. Y aún más: si se cruza de derecha a izquierda, es mucho peor que si lo hace de izquierda a derecha. Otra creencia curiosa presente desde el siglo XVIII en los países sajones y en los germánicos es que si el gato es de color negro pero tiene alguna mancha blanca sobre su pelaje es portador de buena suerte y se convierte en un amuleto protector.
EL GATO HOY
En la actualidad, aunque se supone que las supersticiones del pasado están superadas por los avances científicos, no es así en realidad. Al gato se le reconocen unas facultades extrasensoriales muy superiores a las de la mayoría de los mamíferos, lo que se conoce como psi animal. Su independencia y su portentosa morfología lo convierten en un superviviente nato, tal y como demostró tras las crueles masacres medievales y renacentistas. Su figura en plena noche, mirando fijamente y de forma desafiante a la luna, y su hermetismo han vuelto a convertir al minino en un animal mágico que trae la alegría a millones de hogares de todo el mundo –sobre todo de Occidente– y en el compañero ideal de los aficionados al esoterismo y a las artes secretas. A muchos les parece que la poderosa y benéfica sombra de la diosa egipcia Bastet protege aún hoy a quienes aman y defienden a sus pequeños y peludos “ahijados”.