Alej17
Bovino de la familia
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El final de los hombres
Son la mitad de la población mundial, tienen la mayoría de los cargos de poder, han sido siempre jefes del hogar, pero un nuevo libro señala que su reinado está a punto de terminar.
En Corea del sur, una de las sociedades patriarcales más rígidas donde hasta hace poco se valoraba dar a luz varones, ahora los padres prefieren tener mujeres. En China, más del 40 por ciento de ellas son propietarias de negocios privados. En todo el mundo, excepto en el continente africano, las mujeres dominan las universidades. En Estados Unidos, de las 15 categorías de trabajo que van a crecer más en la economía en la próxima década, la mayoría son profesiones netamente femeninas. Y en Islandia, nadie resumió todo lo anterior de mejor manera que la primera ministra Johanna Sigurdardottir, elegida en 2009 gracias a una campaña contra la élite masculina que llevó al país al derrumbe del sistema bancario: "Llegó el fin de la era de la testosterona".
No es la primera vez que una mujer hace una declaración de ese tipo pero Hanna Rosin, autora de The end of men, es sin duda la más reciente y fuerte voz en la materia. Y lo ha hecho con cifras y ejemplos palpables con los que va dando cuenta del fin de la preeminencia masculina y del surgimiento de las mujeres en la sociedad actual. Por primera vez en la historia, dice ella, los hombres no tienen el control de la fuerza laboral y en las universidades son superados en número por mujeres. También por primera vez, el papel de los hombres como jefes de hogar está cambiando a favor de un matriarcado en el que ellas prefieren criar solas a sus hijos y tomar las decisiones.
Es llamativo que esta transformación no sea consecuencia de años de lucha feminista, sino de los cambios en el modelo de producción económica. "En el pasado, los hombres sacaban ventaja de su tamaño y fuerza, pero la economía postindustrial es indiferente a los músculos", dice Rosin. Se refiere a la economía de servicios y de información que impera en los países del primer mundo, que prioriza la inteligencia social y la comunicación abierta, atributos que difícilmente pueden ser reemplazados por una máquina y que no son, como la fuerza física, más propios de un sexo que de otro. Incluso, señala Rosin, podrían ser más ajustados al perfil femenino.
En Estados Unidos, cuyos datos sirven a la autora para sostener su tesis, los hombres se concentran en apenas dos de las 15 profesiones que crecerán en la próxima década: conserje e ingeniero de sistemas. El resto es dominio de las mujeres en áreas como enfermería, asistencia de salud en el hogar, cuidado de niños, preparación de comida, trabajos que, si bien no son los mejor pagados, sumados le dan una gran poder económico a ellas en la clase media norteamericana.
Un gran motor de este cambio es la educación. En Qatar y Guyana las mujeres conforman el 70 por ciento de los graduados. En Colombia las universidades también se han feminizado. Según el informe de la Alta Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, ellas son mayoría en educación universitaria y especialización. Hoy más mujeres que hombres incursionan en áreas como educación, ciencias de la salud, sociales, economía y administración. En Santander, por ejemplo, las niñas permanecen más en el sistema educativo. "Las mujeres superan a los hombres en matrícula y en graduados universitarios, a la vez que desertan menos del sistema educativo en este nivel", señala el informe de política pública para la Equidad de género de ese departamento.
Y más educación, según Isabel Londoño, experta en temas de género, implica mayores ofertas de trabajo. Las estadísticas señalan que en 2011, las mujeres ocupaban en Colombia el 49 por ciento de los cargos profesionales y técnicos, y el 38 por ciento de los cargos legislativos y administrativos. Sin embargo, los cargos más altos, mejor pagados y de más poder todavía les son esquivos y, por ejemplo, las mujeres ocupan apenas el 14 por ciento de las curules en el congreso.
En Estados Unidos el asunto no es mejor y solo tres de los 500 presidentes de compañías de la lista de Fortune son mujeres. No obstante, Rosin explica que estas circunstancias son "los últimos vestigios de una era que se desvanece y no una situación permanente".
Mientras todo esto sucede los hombres no han podido adaptarse a las nuevas reglas de juego y parecen en permanente huelga de brazos caídos. Es cierto que hoy hacen ciertos oficios domésticos y se encargan de los niños más que antes, pero muchos están despistados y "no han caído en cuenta de que han perdido ciertos privilegios", dice la psicóloga Connie de Santamaría.
Las consecuencias se están evidenciando en temas como el matrimonio. Rosin muestra cómo en Estados Unidos, las jóvenes universitarias con ambiciones profesionales buscan cada vez más relaciones sin compromiso para que no interfieran con sus planes de vida, tal y como lo hacían los hombres hace unas décadas. Además, al ser más preparadas y ambiciosas que ellos, las mujeres tienen hoy menos opciones para conseguir marido. Algunas se tienen que casar con personas de menor nivel educativo, otras nunca se casan, mientras algunas esperan más tiempo a que aparezca el candidato apropiado. Según reporta Rosin, en el mundo la edad promedio de matrimonio ha aumentado a 32 años.
La actitud de los hombres en culturas patriarcales como la española es 'importar' de otros países mujeres con valores tradicionales. El caso más extremo es el de Japón, donde los jóvenes se sienten intimidados frente a sus pares del sexo femenino a tal punto que prefieren asistir a clubes de jardinería que salir con ellas y tener relaciones sexuales. Muchos no piensan en casarse.
Además de toda la evidencia, un aporte valioso del libro es que muestra que los roles de hombres y mujeres no son determinados por razones fisiológicas sino culturales. De hecho, que las mujeres estén arriba no ha significado que el mundo sea más amable, sensible y receptivo sino más bien, como reporta Rosin, que ellas sean violentas en formas que se creían exclusivas de los hombres. "Esto se ve en una creciente variedad de mujeres asesinas, o en jóvenes profesionales alfa que se adaptan al mundo salvaje de Wall Street".
En términos generales la revolución es global aunque cada país tenga rasgos particulares. En Colombia se siguen presentando los estereotipos a la hora de escoger carrera, con muchos más hombres que mujeres en las ingenierías. Ellos siguen reportando mejores puntajes en áreas como matemáticas, y en las pruebas Saber Pro los mejores puntajes, incluso en carreras femeninas como enfermería, son para los varones. Además, dice Isabel Londoño, el conflicto armado ha hecho que el título del libro de Rosin no sea una simple metáfora, sino una verdad literal "porque la mayoría de los que están entre 18 y 45 años mueren o por la guerra o por violencia callejera", dice la experta.
Pero algunos piensan que, por el contrario, el escenario que pinta Rosin no sucede ni siquiera en Estados Unidos, donde las mujeres todavía tienen muchas dificultades para llegar a puestos de poder. "Y aquí en Colombia tampoco es cierto que los hombres estén perdiendo su espacio. Las mujeres seguimos ganando menos en ambos extremos, tanto en los puestos con salarios más bajos como en los más altos y casi ni se cumple la ley de cuotas en cargos públicos", señala Helena Alviar, doctora en derecho económico y género y decana de Derecho de la Universidad de los Andes.
Pero con su libro Rosin no está planteando que ahora las mujeres comenzarán a regir el mundo, ni tampoco que se ven asomos de venganza femenina por años de opresión masculina. Su punto es que el hombre proveedor que no lava ni un plato y ve a su mujer como inferior está llegando a su fin y por lo tanto debe reinventarse. Y la sociedad debe ayudarle en ese propósito.
http://www.semana.com/photos/1586/ImgArticulo_T1_119869_2012922_140308.jpg
Saludos

Son la mitad de la población mundial, tienen la mayoría de los cargos de poder, han sido siempre jefes del hogar, pero un nuevo libro señala que su reinado está a punto de terminar.

En Corea del sur, una de las sociedades patriarcales más rígidas donde hasta hace poco se valoraba dar a luz varones, ahora los padres prefieren tener mujeres. En China, más del 40 por ciento de ellas son propietarias de negocios privados. En todo el mundo, excepto en el continente africano, las mujeres dominan las universidades. En Estados Unidos, de las 15 categorías de trabajo que van a crecer más en la economía en la próxima década, la mayoría son profesiones netamente femeninas. Y en Islandia, nadie resumió todo lo anterior de mejor manera que la primera ministra Johanna Sigurdardottir, elegida en 2009 gracias a una campaña contra la élite masculina que llevó al país al derrumbe del sistema bancario: "Llegó el fin de la era de la testosterona".
No es la primera vez que una mujer hace una declaración de ese tipo pero Hanna Rosin, autora de The end of men, es sin duda la más reciente y fuerte voz en la materia. Y lo ha hecho con cifras y ejemplos palpables con los que va dando cuenta del fin de la preeminencia masculina y del surgimiento de las mujeres en la sociedad actual. Por primera vez en la historia, dice ella, los hombres no tienen el control de la fuerza laboral y en las universidades son superados en número por mujeres. También por primera vez, el papel de los hombres como jefes de hogar está cambiando a favor de un matriarcado en el que ellas prefieren criar solas a sus hijos y tomar las decisiones.
Es llamativo que esta transformación no sea consecuencia de años de lucha feminista, sino de los cambios en el modelo de producción económica. "En el pasado, los hombres sacaban ventaja de su tamaño y fuerza, pero la economía postindustrial es indiferente a los músculos", dice Rosin. Se refiere a la economía de servicios y de información que impera en los países del primer mundo, que prioriza la inteligencia social y la comunicación abierta, atributos que difícilmente pueden ser reemplazados por una máquina y que no son, como la fuerza física, más propios de un sexo que de otro. Incluso, señala Rosin, podrían ser más ajustados al perfil femenino.
En Estados Unidos, cuyos datos sirven a la autora para sostener su tesis, los hombres se concentran en apenas dos de las 15 profesiones que crecerán en la próxima década: conserje e ingeniero de sistemas. El resto es dominio de las mujeres en áreas como enfermería, asistencia de salud en el hogar, cuidado de niños, preparación de comida, trabajos que, si bien no son los mejor pagados, sumados le dan una gran poder económico a ellas en la clase media norteamericana.
Un gran motor de este cambio es la educación. En Qatar y Guyana las mujeres conforman el 70 por ciento de los graduados. En Colombia las universidades también se han feminizado. Según el informe de la Alta Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, ellas son mayoría en educación universitaria y especialización. Hoy más mujeres que hombres incursionan en áreas como educación, ciencias de la salud, sociales, economía y administración. En Santander, por ejemplo, las niñas permanecen más en el sistema educativo. "Las mujeres superan a los hombres en matrícula y en graduados universitarios, a la vez que desertan menos del sistema educativo en este nivel", señala el informe de política pública para la Equidad de género de ese departamento.
Y más educación, según Isabel Londoño, experta en temas de género, implica mayores ofertas de trabajo. Las estadísticas señalan que en 2011, las mujeres ocupaban en Colombia el 49 por ciento de los cargos profesionales y técnicos, y el 38 por ciento de los cargos legislativos y administrativos. Sin embargo, los cargos más altos, mejor pagados y de más poder todavía les son esquivos y, por ejemplo, las mujeres ocupan apenas el 14 por ciento de las curules en el congreso.
En Estados Unidos el asunto no es mejor y solo tres de los 500 presidentes de compañías de la lista de Fortune son mujeres. No obstante, Rosin explica que estas circunstancias son "los últimos vestigios de una era que se desvanece y no una situación permanente".
Mientras todo esto sucede los hombres no han podido adaptarse a las nuevas reglas de juego y parecen en permanente huelga de brazos caídos. Es cierto que hoy hacen ciertos oficios domésticos y se encargan de los niños más que antes, pero muchos están despistados y "no han caído en cuenta de que han perdido ciertos privilegios", dice la psicóloga Connie de Santamaría.
Las consecuencias se están evidenciando en temas como el matrimonio. Rosin muestra cómo en Estados Unidos, las jóvenes universitarias con ambiciones profesionales buscan cada vez más relaciones sin compromiso para que no interfieran con sus planes de vida, tal y como lo hacían los hombres hace unas décadas. Además, al ser más preparadas y ambiciosas que ellos, las mujeres tienen hoy menos opciones para conseguir marido. Algunas se tienen que casar con personas de menor nivel educativo, otras nunca se casan, mientras algunas esperan más tiempo a que aparezca el candidato apropiado. Según reporta Rosin, en el mundo la edad promedio de matrimonio ha aumentado a 32 años.
La actitud de los hombres en culturas patriarcales como la española es 'importar' de otros países mujeres con valores tradicionales. El caso más extremo es el de Japón, donde los jóvenes se sienten intimidados frente a sus pares del sexo femenino a tal punto que prefieren asistir a clubes de jardinería que salir con ellas y tener relaciones sexuales. Muchos no piensan en casarse.
Además de toda la evidencia, un aporte valioso del libro es que muestra que los roles de hombres y mujeres no son determinados por razones fisiológicas sino culturales. De hecho, que las mujeres estén arriba no ha significado que el mundo sea más amable, sensible y receptivo sino más bien, como reporta Rosin, que ellas sean violentas en formas que se creían exclusivas de los hombres. "Esto se ve en una creciente variedad de mujeres asesinas, o en jóvenes profesionales alfa que se adaptan al mundo salvaje de Wall Street".
En términos generales la revolución es global aunque cada país tenga rasgos particulares. En Colombia se siguen presentando los estereotipos a la hora de escoger carrera, con muchos más hombres que mujeres en las ingenierías. Ellos siguen reportando mejores puntajes en áreas como matemáticas, y en las pruebas Saber Pro los mejores puntajes, incluso en carreras femeninas como enfermería, son para los varones. Además, dice Isabel Londoño, el conflicto armado ha hecho que el título del libro de Rosin no sea una simple metáfora, sino una verdad literal "porque la mayoría de los que están entre 18 y 45 años mueren o por la guerra o por violencia callejera", dice la experta.
Pero algunos piensan que, por el contrario, el escenario que pinta Rosin no sucede ni siquiera en Estados Unidos, donde las mujeres todavía tienen muchas dificultades para llegar a puestos de poder. "Y aquí en Colombia tampoco es cierto que los hombres estén perdiendo su espacio. Las mujeres seguimos ganando menos en ambos extremos, tanto en los puestos con salarios más bajos como en los más altos y casi ni se cumple la ley de cuotas en cargos públicos", señala Helena Alviar, doctora en derecho económico y género y decana de Derecho de la Universidad de los Andes.
Pero con su libro Rosin no está planteando que ahora las mujeres comenzarán a regir el mundo, ni tampoco que se ven asomos de venganza femenina por años de opresión masculina. Su punto es que el hombre proveedor que no lava ni un plato y ve a su mujer como inferior está llegando a su fin y por lo tanto debe reinventarse. Y la sociedad debe ayudarle en ese propósito.
http://www.semana.com/photos/1586/ImgArticulo_T1_119869_2012922_140308.jpg
Saludos
