Christian01
Bovino Milenario
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El arzobispo primado de México, Norberto Rivera, sonreía feliz porque el patio para peregrinos que representa la primera etapa de construcción de la Plaza Mariana, aledaña a la Basílica de Guadalupe, culminó ayer con la bendición del hombre más rico del mundo: Carlos Slim, quien invirtió alrededor de 58 millones de dólares.
En las siguientes fases del proyecto, un antiguo parque de rosales y oyameles y un mercado viejo que ocupaban 29,534 metros cuadrados serán transformados en un ambicioso proyecto que busca activar el turismo religioso “digno” como auguró previamente Slim.
“Estamos asumiendo con un nuevo proyecto y el compromiso nuestro de pagar la obra, pero con el convenio de que parte de lo que se obtenga —alrededor de 60% de la venta de criptas— se meta al fideicomiso exclusivamente para apoyo de los peregrinos y mejorar el entorno del lugar”, expuso.
Poco a poco serán retirados los comerciantes ambulantes que rodean la zona de una de las villas religiosas más visitadas del mundo: sólo en el día que se celebra la aparición de la “Virgen Morena” al indígena Juan Diego – convertido en santo- arriban al Distrito Federal más de cinco millones de personas.
Fritangas cocinadas con improvisados tanques de gas; ropa con la imagen de Guadalupe, rosarios, vendedores de discos piratas con cantos a la virgen, guitarras para beatos bohemios, piedras y troncos milagrosos y toda la romería serán reubicados dentro de los edificios de la renovada Villa.
El proyecto arquitectónico en su totalidad consta de una cruz de cristal que dividirá cuatro nuevas construcciones: un centro de evangelización, un columbario (criptas), un mercado y un museo interactivo con centro de salud, locales comerciales y cafetería. Todo en construcción actualmente: pretende ser concluido a mediados de 2011.
El diseño del arquitecto Javier Sordo se inspira en el escudo del fallecido papa Juan Pablo II, “el papa Guadalupano”, dijo el creador al develar la placa de inauguración.
Al empresario Slim se le veía también sonreír a diestra y siniestra, mientras el arzobispo Rivera le sobaba la espalda con afecto. “¿Dónde firmo?”, bromeó el empresario, mientras apretaba la mano a curiosos que se acercaban a saludarlo y “felicitarlo por su gran corazón”.
El jefe de gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, también estaba optimista: “Así se trabaja en equipo”, dijo.
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