joerive
Bovino de alcurnia
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Me parecio curioso este tema, toda vez que el autor es un autonombrado "pro lopezobrador" y de pronto cambia su enfoque de las cosas, pero me queda claro que lo hace con cierta coherencia, no es desatar polémica sino solamente compartirlo.
¿Candidato honorable?
Suele ser común decir o cuestionar entre nosotros en referencia a la cualidad crítica de algún individuo: ¿con qué autoridad moral se atreve ese sujeto a censurar, reprobar o rechazar las acciones de otras personas? si conocemos por experiencia su improcedente calidad de honorable. Como dicen en mi pueblo: ¿qué le dice el comal a la olla?
Tampoco se intenta descalificar algún movimiento o reclamo porque las oportunidades legales existen y estás se deberán llevar en ese terreno. Las reglas de ese proceso electoral son determinadas exclusivamente por los partidos políticos con sus grupos parlamentarios en cada cámara. Sólo ellos manosean esas reformas constitucionales y las leyes necesarias para su ejecución. Nos parece por ello ingenuo o incompleto el reclamo, quizá simulado, ¿pueden ser victimas? ¿Acaso desconocían las reglas del juego con las cuales iban a competir?
Nos atrevemos a pensar con el riesgo de ser desmentidos que no existe un lugar en el mundo en el cual los procesos electorales sean puros, en toda su pureza democrática, incluyendo los conceptos moral y honesto. Nuestra democracia con todas sus inconsistencias y debilidades es una construcción que sigue correspondiendo a todos los mexicanos, hacia allí debemos enfocar nuestros reclamos y debates; realizarlos de manera organizada para darle trascendencia a la contrariedad de jóvenes y adultos: de todos los mexicanos.
Pero cuando se piensa que todo lo ajeno no es moral y honesto, quizá debemos revisar y analizar ese significado en palabras de AMLO, de la expresión en plena campaña electoral, dirigida a sus partidarios: “Agarren lo que les den pero voten con libertad”. Acaso no es una aceptación tácita de la corrupción imperante en el proceso, era también un estímulo o promocional para sus partidarios en sus concentraciones, por qué no invitaba a la denuncia de esas supuestas prácticas; por lo tanto no desconocía esas ofertas para sus seguidores, quizá hasta las practicaba en sus mítines.
Cómo ahora cuestionar o argumentar como fraude la compra o intercambio por votos quien también las practicaba, no en este proceso sino desde mucho antes. Testimonios existen en el mismo DF. No creo, ni pienso haya un partido o candidato sin estás costumbres en tiempos electorales. Similares ejercicios hicieron en Benito Juárez donde se localiza la ciudad de Cancún. Nos consta por testimonios de quienes recibieron la oferta económica para votar por el color amarillo. Se preguntaban: ¿Qué hago? La lealtad optó por la compraventa.
No intentamos alguna defensa a ultranza para nadie, mucho menos para quien determine el árbitro electoral como triunfador, este ejercicio va más allá. Pensamos en una maniobra para desacreditar a las instituciones, a los organismos y demás órganos con responsabilidad compartida en el proceso electoral. Quizá no tratan de desacreditar al triunfador sino de lesionar al país en el contexto internacional. Rechazar los conteos del Instituto Federal Electoral con el argumento de unos comicios sin libertad y autenticidad no parece completo. Pero los recursos de inconformidad y de nulidad se deben interponer en tiempo y forma para su revisión en el TRIFE y TEPJF hasta saldar las dudas legales. Nosotros también nos pronunciamos por ejercer ese derecho.
Claro, no es grato leer y escuchar todas esas declaraciones partidarias del rechazo al conteo electoral, de los supuestos fraudes, de las prácticas de corrupción, de los billetazos, de las tarjetas Soriana; el charolazo por seis millones de dólares, un empresario aportando 110 millones de pesos, entrega de despensas con la efigie y logo de AMLO, del presunto financiamiento del gobierno del DF y la negativa de transparentar las asociaciones Austeridad Republicana y Honestidad Valiente. Nada de ese listado es sinónimo de moral y honestidad.
¿Por qué esos mexicanos nos desprestigian de tal manera? Pienso nos lo merecemos por nuestra apatía a una mejor participación en la definición del rumbo de la nación. Para todos es muy fácil censurar desde lejitos pero pocos asumimos con responsabilidad y sin temores. Para los gobiernos hablar de moral, de honestidad son valores que les causan rasquera o escozor; y en muchos casos para los ciudadanos es atentar contra el stablishment, para otros es convertirse en suicida. Las distancias de los ciudadanos con sus gobiernos deben cambiar, como también en sentido inverso. Quisiéramos un México moderno del siglo XXI pero con mucha inteligencia en su proceso de transformación y renovación.
fuente:
http://www.periodistasquintanaroo.com/sitio/columnistas/candidato-honorable
¿Candidato honorable?
Suele ser común decir o cuestionar entre nosotros en referencia a la cualidad crítica de algún individuo: ¿con qué autoridad moral se atreve ese sujeto a censurar, reprobar o rechazar las acciones de otras personas? si conocemos por experiencia su improcedente calidad de honorable. Como dicen en mi pueblo: ¿qué le dice el comal a la olla?
Tampoco se intenta descalificar algún movimiento o reclamo porque las oportunidades legales existen y estás se deberán llevar en ese terreno. Las reglas de ese proceso electoral son determinadas exclusivamente por los partidos políticos con sus grupos parlamentarios en cada cámara. Sólo ellos manosean esas reformas constitucionales y las leyes necesarias para su ejecución. Nos parece por ello ingenuo o incompleto el reclamo, quizá simulado, ¿pueden ser victimas? ¿Acaso desconocían las reglas del juego con las cuales iban a competir?
Nos atrevemos a pensar con el riesgo de ser desmentidos que no existe un lugar en el mundo en el cual los procesos electorales sean puros, en toda su pureza democrática, incluyendo los conceptos moral y honesto. Nuestra democracia con todas sus inconsistencias y debilidades es una construcción que sigue correspondiendo a todos los mexicanos, hacia allí debemos enfocar nuestros reclamos y debates; realizarlos de manera organizada para darle trascendencia a la contrariedad de jóvenes y adultos: de todos los mexicanos.
Pero cuando se piensa que todo lo ajeno no es moral y honesto, quizá debemos revisar y analizar ese significado en palabras de AMLO, de la expresión en plena campaña electoral, dirigida a sus partidarios: “Agarren lo que les den pero voten con libertad”. Acaso no es una aceptación tácita de la corrupción imperante en el proceso, era también un estímulo o promocional para sus partidarios en sus concentraciones, por qué no invitaba a la denuncia de esas supuestas prácticas; por lo tanto no desconocía esas ofertas para sus seguidores, quizá hasta las practicaba en sus mítines.
Cómo ahora cuestionar o argumentar como fraude la compra o intercambio por votos quien también las practicaba, no en este proceso sino desde mucho antes. Testimonios existen en el mismo DF. No creo, ni pienso haya un partido o candidato sin estás costumbres en tiempos electorales. Similares ejercicios hicieron en Benito Juárez donde se localiza la ciudad de Cancún. Nos consta por testimonios de quienes recibieron la oferta económica para votar por el color amarillo. Se preguntaban: ¿Qué hago? La lealtad optó por la compraventa.
No intentamos alguna defensa a ultranza para nadie, mucho menos para quien determine el árbitro electoral como triunfador, este ejercicio va más allá. Pensamos en una maniobra para desacreditar a las instituciones, a los organismos y demás órganos con responsabilidad compartida en el proceso electoral. Quizá no tratan de desacreditar al triunfador sino de lesionar al país en el contexto internacional. Rechazar los conteos del Instituto Federal Electoral con el argumento de unos comicios sin libertad y autenticidad no parece completo. Pero los recursos de inconformidad y de nulidad se deben interponer en tiempo y forma para su revisión en el TRIFE y TEPJF hasta saldar las dudas legales. Nosotros también nos pronunciamos por ejercer ese derecho.
Claro, no es grato leer y escuchar todas esas declaraciones partidarias del rechazo al conteo electoral, de los supuestos fraudes, de las prácticas de corrupción, de los billetazos, de las tarjetas Soriana; el charolazo por seis millones de dólares, un empresario aportando 110 millones de pesos, entrega de despensas con la efigie y logo de AMLO, del presunto financiamiento del gobierno del DF y la negativa de transparentar las asociaciones Austeridad Republicana y Honestidad Valiente. Nada de ese listado es sinónimo de moral y honestidad.
¿Por qué esos mexicanos nos desprestigian de tal manera? Pienso nos lo merecemos por nuestra apatía a una mejor participación en la definición del rumbo de la nación. Para todos es muy fácil censurar desde lejitos pero pocos asumimos con responsabilidad y sin temores. Para los gobiernos hablar de moral, de honestidad son valores que les causan rasquera o escozor; y en muchos casos para los ciudadanos es atentar contra el stablishment, para otros es convertirse en suicida. Las distancias de los ciudadanos con sus gobiernos deben cambiar, como también en sentido inverso. Quisiéramos un México moderno del siglo XXI pero con mucha inteligencia en su proceso de transformación y renovación.
fuente:
http://www.periodistasquintanaroo.com/sitio/columnistas/candidato-honorable