PaChMeIsTeR
Bovino maduro
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La topa del toro en Tecpan, la antesala a la gloria
TECPAN, AGOSTO. Esta bella y candente ciudad fue alguna vez la capital de aquel jirón de tierra sureña que se llamó la Provincia de Tecpan. Se extendía por un lado, a lo largo de lo que hoy conocemos como la Costa Grande, y por el otro, por toda la Costa Chica –que no es pequeña como su nombre lo sugiere– hasta los márgenes del Río Verde, en Oaxaca. Eran los dominios del general Hermenegildo Galeana Tata Gildo, cacique y patriarca de esta demarcación protegida por Dios y por el independentista, el General José María Morelos.
En años recientes el prestigio de Tecpan ha subido como la espuma de la cerveza que se consume a raudales en toda ocasión, o como brebaje anestésico contra las inhibiciones en la fiesta del patrono San Bartolo, cuando se da rienda suelta a una bacanal preñada de música y sexualidad en gozosa anarquía como pretexto de la topa del toro, que oriundos y visitantes festejaron ayer.
Sin considerar el relleno de cuche cuitero, platillo cumbre en el olimpo de las pretensiones de los tecpanecos, que consiste en atiborrar de papa y zanahoria un lechón que duerme toda la noche en un horno de panadero ensabanado de especias.
La bella ciudad costagrandense presume de sus libertades: fue el alba de la lucha de izquierda contra el PRI en el país, las montaña que medio amurallan la población fueron cuna de la guerrilla de Lucio Cabañas y del movimiento armado actual, pero también se ufana de ser la capital gay de Guerrero.
Con el colorido desfile de reinas y princesas de fantasía inicia la fiesta del santo patrono. En esta ocasión, bendecida por la lluvia que dejó el huracán Dean, montados en excéntricos carros alegóricos que se deslizan sobre la nube de sueños de quienes lo diseñaron para goce festivo de los curiosos.
Los habitantes de los principales barrios, Cerrito y el Suchil, inician la primera batalla de una refriega que por la tarde concluirá en un capítulo más de una guerra anual y antigua en que las diferencias de clase, ofensas guardadas se expresan con empujones, topadas y hasta puñetazos, cajete al ojo, si bien les va. Todo con la plena complicidad de la autoridad en esta anárquica jornada de libertad.
La topa del toro, es decir, darse de topes entre dos bureles de petate que llevan el orgulloso nombre del barrio. Fuertes, armados con maderas ligeras pero que resistan el peso del contrincante, los toros de petate son sostenidos por auténticos gladiadores que se preparan para el rito: aplastar al adversario, derrumbarlo, hacer añicos el armatoste, destruir su orgullo y construir el propio ante la mirada de un pueblo ebrio de alegría y en éxtasis que le provoca el aguardiente y los sones del chile frito. 365 días de ser el ganador o el perdedor. Todo un año hasta el San Bartolo siguiente. Y así por los siglos de los siglos parece que será.
La política no es ajena a la fiesta. Los enconos partidistas, entre priístas y perredistas también se expresan aquí: en playeras rojas y amarillas o el torito que es ferrado con el logo del sol azteca; este año los caporales fueron uniformados con playeras que llevan el nombre del alcalde: Elfego. Cosas de los tecpanecos.
Las más llamativas son las topas de cuerpos contra cuerpos, adversarios o amig@s, se topan, se tocan frenéticamente, en una imitación de la cópula en la que si bien participan hombres con mujeres, es muy frecuente, el encuentro entre ellas.
Así hasta que llega la noche y para esa hora, por lo general, siempre hay un triunfador. El año pasado no se dio la topa entre los barrios por que no había condiciones. Se guardaron las facturas para este año. A esta hora, con seguridad, regresarán para sus barrios festejando el triunfo o mordiendo la derrota. Algunos borrachos se quedan durmiendo la mona en la plaza. Mañana vendrá la rutina.
:quepez::quepez::quepez::quepez:
Espero les Haya Gustado.
TECPAN, AGOSTO. Esta bella y candente ciudad fue alguna vez la capital de aquel jirón de tierra sureña que se llamó la Provincia de Tecpan. Se extendía por un lado, a lo largo de lo que hoy conocemos como la Costa Grande, y por el otro, por toda la Costa Chica –que no es pequeña como su nombre lo sugiere– hasta los márgenes del Río Verde, en Oaxaca. Eran los dominios del general Hermenegildo Galeana Tata Gildo, cacique y patriarca de esta demarcación protegida por Dios y por el independentista, el General José María Morelos.
En años recientes el prestigio de Tecpan ha subido como la espuma de la cerveza que se consume a raudales en toda ocasión, o como brebaje anestésico contra las inhibiciones en la fiesta del patrono San Bartolo, cuando se da rienda suelta a una bacanal preñada de música y sexualidad en gozosa anarquía como pretexto de la topa del toro, que oriundos y visitantes festejaron ayer.
Sin considerar el relleno de cuche cuitero, platillo cumbre en el olimpo de las pretensiones de los tecpanecos, que consiste en atiborrar de papa y zanahoria un lechón que duerme toda la noche en un horno de panadero ensabanado de especias.
La bella ciudad costagrandense presume de sus libertades: fue el alba de la lucha de izquierda contra el PRI en el país, las montaña que medio amurallan la población fueron cuna de la guerrilla de Lucio Cabañas y del movimiento armado actual, pero también se ufana de ser la capital gay de Guerrero.
Con el colorido desfile de reinas y princesas de fantasía inicia la fiesta del santo patrono. En esta ocasión, bendecida por la lluvia que dejó el huracán Dean, montados en excéntricos carros alegóricos que se deslizan sobre la nube de sueños de quienes lo diseñaron para goce festivo de los curiosos.
Los habitantes de los principales barrios, Cerrito y el Suchil, inician la primera batalla de una refriega que por la tarde concluirá en un capítulo más de una guerra anual y antigua en que las diferencias de clase, ofensas guardadas se expresan con empujones, topadas y hasta puñetazos, cajete al ojo, si bien les va. Todo con la plena complicidad de la autoridad en esta anárquica jornada de libertad.
La topa del toro, es decir, darse de topes entre dos bureles de petate que llevan el orgulloso nombre del barrio. Fuertes, armados con maderas ligeras pero que resistan el peso del contrincante, los toros de petate son sostenidos por auténticos gladiadores que se preparan para el rito: aplastar al adversario, derrumbarlo, hacer añicos el armatoste, destruir su orgullo y construir el propio ante la mirada de un pueblo ebrio de alegría y en éxtasis que le provoca el aguardiente y los sones del chile frito. 365 días de ser el ganador o el perdedor. Todo un año hasta el San Bartolo siguiente. Y así por los siglos de los siglos parece que será.
La política no es ajena a la fiesta. Los enconos partidistas, entre priístas y perredistas también se expresan aquí: en playeras rojas y amarillas o el torito que es ferrado con el logo del sol azteca; este año los caporales fueron uniformados con playeras que llevan el nombre del alcalde: Elfego. Cosas de los tecpanecos.
Las más llamativas son las topas de cuerpos contra cuerpos, adversarios o amig@s, se topan, se tocan frenéticamente, en una imitación de la cópula en la que si bien participan hombres con mujeres, es muy frecuente, el encuentro entre ellas.
Así hasta que llega la noche y para esa hora, por lo general, siempre hay un triunfador. El año pasado no se dio la topa entre los barrios por que no había condiciones. Se guardaron las facturas para este año. A esta hora, con seguridad, regresarán para sus barrios festejando el triunfo o mordiendo la derrota. Algunos borrachos se quedan durmiendo la mona en la plaza. Mañana vendrá la rutina.
:quepez::quepez::quepez::quepez:
Espero les Haya Gustado.

