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Sí es mi intención causar revuelo, así como pretendo que algo bueno salga de esto.
No soy idealista, no pretendo ser dueño de la razón y mucho menos intento que todo lo que digo sea cierto, sólo soy un individuo con la capacidad de razonar y analizar, algo que a mi perspectiva, muchos dentro del país (México) han perdido.
Un nuevo sexenio se avecina y para llegar a éste en el país podemos apreciar lo que los intereses ocasionan y cómo lo menos importante es el futuro de el país. Cada candidato afirma tener la panacea para el pueblo y afirman contar con el equipo suficiente, así como con capital intelectual necesario para evaluar necesidades y adelantarse a las posibles dificultades que el país puede enfrentar.
No pretendo inclinarme a ningún partido en específico pues todos (sin excepción) son decepcionantes y una falacia; el juego que vemos y las estrategias que cada uno implementa son verdaderamente maravillosos; si la intención es joder al prójimo; pues en cada contenido publicitario que encontramos, promesas respaldadas por datos duros atrapan a aquéllos ignorantes y faltos de cultura que aceptan todo sin rezongar.
Mientras vemos a los candidatos jugar y pelear por ver quién tiene la razón, el país cada día es peor, más decepcionante y lamentablemente más ignorante; no tengo nada en contra de la religión pero aquellas ideas de rezar y pedir por un milagro han quedado en el olvido, hoy en día el que se aferra a que alguien más solucione su vida es un ciego; y de los peores los que se niegan a ver una realidad.
Cada partido ha olvidado su función ; si es que algún día la tuvieron; procurar el bienestar de la sociedad. Ahora cada uno desmiente y rechaza las propuestas de la competencia, incapaces de ver que; en cierto grado todos tienen razón; y de la misma manera todos están mal.
La esperanza de que alguien nos rescate ha muerto; ahora sólo queda el cambio de la sociedad... Tal vez ahora sí soy idealista y tengo un pensamiento utópico; al ver la realidad no queda más que esperar a ver quién gobernará, tristemente seis años más de decadencia, seis años más de fracaso y seis años más de una espera que no tendrá fin.
No soy idealista, no pretendo ser dueño de la razón y mucho menos intento que todo lo que digo sea cierto, sólo soy un individuo con la capacidad de razonar y analizar, algo que a mi perspectiva, muchos dentro del país (México) han perdido.
Un nuevo sexenio se avecina y para llegar a éste en el país podemos apreciar lo que los intereses ocasionan y cómo lo menos importante es el futuro de el país. Cada candidato afirma tener la panacea para el pueblo y afirman contar con el equipo suficiente, así como con capital intelectual necesario para evaluar necesidades y adelantarse a las posibles dificultades que el país puede enfrentar.
No pretendo inclinarme a ningún partido en específico pues todos (sin excepción) son decepcionantes y una falacia; el juego que vemos y las estrategias que cada uno implementa son verdaderamente maravillosos; si la intención es joder al prójimo; pues en cada contenido publicitario que encontramos, promesas respaldadas por datos duros atrapan a aquéllos ignorantes y faltos de cultura que aceptan todo sin rezongar.
Mientras vemos a los candidatos jugar y pelear por ver quién tiene la razón, el país cada día es peor, más decepcionante y lamentablemente más ignorante; no tengo nada en contra de la religión pero aquellas ideas de rezar y pedir por un milagro han quedado en el olvido, hoy en día el que se aferra a que alguien más solucione su vida es un ciego; y de los peores los que se niegan a ver una realidad.
Cada partido ha olvidado su función ; si es que algún día la tuvieron; procurar el bienestar de la sociedad. Ahora cada uno desmiente y rechaza las propuestas de la competencia, incapaces de ver que; en cierto grado todos tienen razón; y de la misma manera todos están mal.
La esperanza de que alguien nos rescate ha muerto; ahora sólo queda el cambio de la sociedad... Tal vez ahora sí soy idealista y tengo un pensamiento utópico; al ver la realidad no queda más que esperar a ver quién gobernará, tristemente seis años más de decadencia, seis años más de fracaso y seis años más de una espera que no tendrá fin.