Yu3Jav1
Bovino maduro
- Desde
- 23 Mar 2011
- Mensajes
- 393
- Tema Autor
- #1
Si pongo este tema aquí, es por que muy probablemente no se va a ver en el subforo de política y sociedad. Pero si les molesta que se publique en el FL pues lo cambian
....
Si no les gusta leer, no pongan el meme de Yao Ming y la respectiva frasecilla "Lo va a leer su puta madre"
Este es un articulo de Juan Manuel Zunzunegui y lo encontre navegando por facebook...
¿POR QUÉ SOMOS HIJOS DE LA CHINGADA?
Existe un gran mito mexicano que es menester derribar: el de la traición hecha mujer, personificada por La Malinche; traidora por excelencia que se puso del lado de los extranjeros en vez de estar en el bando de su propia patria.
Ésta es una versión hecha con premeditación, alevosía y ventaja por los historiadores de quincena: Malintzin jamás traicionó a la patria mexicana, simplemente porque ésta aún no existía. Y si la inculpan de obrar en contra de la “patria azteca”, es oportuno mencionar que Malintzin era de Tlaxcala, pueblo que mantuvo eterna guerra con los aztecas y fue obligado a pagar tributo, en forma de sacrificios humanos, durante las guerras floridas.
Nuestra visión histórica tiende a buscar al villano causante de todos los males. Los tlaxcaltecas juegan ese rol en la conquista, pues lucharon junto a los intrusos españoles. Esta ridícula versión sólo puede sustentarse si, previamente, se acepta que los aztecas eran México. Si por el contrario, se entiende que en Mesoamérica había decenas de pueblos distintos, con diferentes idiomas,costumbres, historia, orígenes y religión; que se hacían la guerra, que luchaban por territorio, y que nunca hubo nada parecido a un país, entenderemos que no había patria a la cual traicionar.
¿Por qué la obsesión de presentar a Malitzin como la gran traidora? Debido a esa visión histórica que hemos desarrollado en la que toda nuestra gloria y grandeza es destruida por un villano individual que traiciona a la patria. Malinche encabeza una lista en la que también se encuentran Santa Anna, algunos árbitros de futbol y que, hasta el momento, termina con Salinas. Sin embargo, la traidora original y causante de nuestra caída, como en la Biblia, es una mujer. ¡La historia es escrita por hombres!
Además, Malintzin cometió el pecado y la osadía de entregarse al infame conquistador, con lo cual su traición se volvió absoluta. ¿Qué opciones tenía una esclava que había sido entregada como ofrenda?, ¿tendría Malintzin la oportunidad de elegir bando? Parece poco probable y, aún así, de haber tenido opción, seguramente hubiera decidido unirse para luchar contra el pueblo que oprimía al suyo.
También se dice que Malintzin prefirió sexualmente al blanco, al extranjero, al de fuera, a uno que no era “de los nuestros”. Por eso es la máxima traidora, ya que, como sentencia Octavio Paz, se rajó, se “abrió”, literalmente, ante el conquistador; es nada más y nada menos que la auténtica “Chingada”. No es peladez, estoy citando a un Nobel de Literatura. Hernán Cortés se la chingó.
Pocos saben que el señor Cortés tuvo, al menos, un encuentro carnal con la hija del Señor Moctezuma, cristianizada como Isabel de Moctezuma, y que, de ese encuentro,hubo un fruto, una niña llamada Leonor Cortés. Resulta, entonces, que Isabel de Moctezuma se entregó y se “abrió” de la misma forma que Malinche. Recurriendo otra vez a la metáfora del gran don Octavio Paz, también es la “Chingada”.
La historia está llena de simbolismos. Resulta que Cortés y La Malinche (cristianizada como Doña Marina), al procrear a Martín Cortés, tuvieron al primer mestizo oficial, aceptado,reconocido y registrado. Son, por tanto, el símbolo del origen del mestizaje:Adán y Eva de nuestra patria; lo que convierte a Cortés en el Padre de México y, como todo vástago requiere también de una madre, ésta no puede ser otra que La Malinche. He ahí la pareja fundadora; los mexicanos venimos a ser hijos del conquistador y, por tremendo que se escuche, hijos de la Chingada.
La otra “Chingada”, Isabel de Moctezuma, vivió como princesa. Sus hijos viajaron a Madrid para legitimar su linaje y nobleza. A su familia se le dio el título de Condes de Miravalle, y se les reconoció la propiedad del Valle de México, por lo que el gobierno virreinal se obligó a pagar una renta anual a la familia Moctezuma.
Como dato cultural, los Condes de Miravalle se quedaron en España, nada conquistados, ostentando títulos y recibiendo una rentita anual por el uso que Nueva España hacía del Valle de México. Sus descendientes viven hasta la fecha y pretenden, por cierto, que el gobierno mexicano siga asumiendo ese gasto. Podemos consolarnos al pensar que, por la forma en que se dieron las cosas y debido a la partida a España de los hijos de Isabel de Moctezuma, allá también hay hijos de la Chingada. Gracias de nuevo a Octavio Paz por la licencia literaria.
Malinche, como mito, representa una actitud mental del mexicano promedio; una relación de admiración-odio-temor a la mujer. Por eso el mexicano venera a su madrecita santa como Los tres García veneraban a su abuela, quien, por cierto, los educó como buenos machos mexicanos.
Al final, terminamos como pueblo huérfano: nuestro padre es Hernán Cortés, pero lo odiamos y renegamos ese origen; nuestra madre es Malinche, infame traidora chingada por el conquistador, por lo que la repudiamos también. Por eso una mentada es un gran insulto: le deseamos a alguien que le haga a su madre lo que el conquistador hizo con Malinche. También por eso nos inventamos una nueva madre para todos: la Virgencita.
El mexicano sustituyó a su madre violada por una celestial madre inmaculada. Y, dado que la madre determina el estereotipo femenino en el hijo, el macho mexicano busca mujeres de moral distraída para divertirse y probar su virilidad, pero a una virgencita para hacer su vida y tener hijos.
La mala noticia es que hay un solo camino para tener hijos; por eso el macho prueba su virilidad con todas menos con su mujer, porque a ella “la respeta”. Una vez nacidos los retoños, la mujer deja de ser esposa, compañera o amante, y se convierte en “la madre de mis hijos”. Pero como toda madre debe ser virgen como nuestra santa madrecita, la esposa recupera simbólicamente su virginidad. Ya no es esposa,sino madre y, como “señal de respeto”, el macho le es infiel a su mujer. “Esas cochinadas no las hago con la madre de mis hijos”. Entonces, ¿cómo se hizo madre desde un principio?
Este misterio de la naturaleza nos lleva a la conclusión de que en México todos somos hijos de una madre virgen, y de que parte de la abnegación de la madre está en renunciar a su sexualidad (por lo menos con su marido, que la está respetando). Así de torcida es la mente del mexicano promedio: venera a la mujer virgen, la colma de regalos y piropos encaminados a quitarle su virginidad, para luego despreciarla por haber cedido. Algo así como: “la mujer que esté dispuesta a acostarse conmigo, no es digna de ser mi mujer”. Por algo la canción ranchera es una combinación de exaltación y vilipendio de la mujer. Si el pueblo mexicano pudiera someterse a un psicoanálisis, comprendería y aceptaría que,por razones naturales, todos somos hijos de la Chingada, quizás entonces deje de llevarnos la IDEM.

Si no les gusta leer, no pongan el meme de Yao Ming y la respectiva frasecilla "Lo va a leer su puta madre"
Este es un articulo de Juan Manuel Zunzunegui y lo encontre navegando por facebook...
¿POR QUÉ SOMOS HIJOS DE LA CHINGADA?
Existe un gran mito mexicano que es menester derribar: el de la traición hecha mujer, personificada por La Malinche; traidora por excelencia que se puso del lado de los extranjeros en vez de estar en el bando de su propia patria.
Ésta es una versión hecha con premeditación, alevosía y ventaja por los historiadores de quincena: Malintzin jamás traicionó a la patria mexicana, simplemente porque ésta aún no existía. Y si la inculpan de obrar en contra de la “patria azteca”, es oportuno mencionar que Malintzin era de Tlaxcala, pueblo que mantuvo eterna guerra con los aztecas y fue obligado a pagar tributo, en forma de sacrificios humanos, durante las guerras floridas.
Nuestra visión histórica tiende a buscar al villano causante de todos los males. Los tlaxcaltecas juegan ese rol en la conquista, pues lucharon junto a los intrusos españoles. Esta ridícula versión sólo puede sustentarse si, previamente, se acepta que los aztecas eran México. Si por el contrario, se entiende que en Mesoamérica había decenas de pueblos distintos, con diferentes idiomas,costumbres, historia, orígenes y religión; que se hacían la guerra, que luchaban por territorio, y que nunca hubo nada parecido a un país, entenderemos que no había patria a la cual traicionar.
¿Por qué la obsesión de presentar a Malitzin como la gran traidora? Debido a esa visión histórica que hemos desarrollado en la que toda nuestra gloria y grandeza es destruida por un villano individual que traiciona a la patria. Malinche encabeza una lista en la que también se encuentran Santa Anna, algunos árbitros de futbol y que, hasta el momento, termina con Salinas. Sin embargo, la traidora original y causante de nuestra caída, como en la Biblia, es una mujer. ¡La historia es escrita por hombres!
Además, Malintzin cometió el pecado y la osadía de entregarse al infame conquistador, con lo cual su traición se volvió absoluta. ¿Qué opciones tenía una esclava que había sido entregada como ofrenda?, ¿tendría Malintzin la oportunidad de elegir bando? Parece poco probable y, aún así, de haber tenido opción, seguramente hubiera decidido unirse para luchar contra el pueblo que oprimía al suyo.
También se dice que Malintzin prefirió sexualmente al blanco, al extranjero, al de fuera, a uno que no era “de los nuestros”. Por eso es la máxima traidora, ya que, como sentencia Octavio Paz, se rajó, se “abrió”, literalmente, ante el conquistador; es nada más y nada menos que la auténtica “Chingada”. No es peladez, estoy citando a un Nobel de Literatura. Hernán Cortés se la chingó.
Pocos saben que el señor Cortés tuvo, al menos, un encuentro carnal con la hija del Señor Moctezuma, cristianizada como Isabel de Moctezuma, y que, de ese encuentro,hubo un fruto, una niña llamada Leonor Cortés. Resulta, entonces, que Isabel de Moctezuma se entregó y se “abrió” de la misma forma que Malinche. Recurriendo otra vez a la metáfora del gran don Octavio Paz, también es la “Chingada”.
La historia está llena de simbolismos. Resulta que Cortés y La Malinche (cristianizada como Doña Marina), al procrear a Martín Cortés, tuvieron al primer mestizo oficial, aceptado,reconocido y registrado. Son, por tanto, el símbolo del origen del mestizaje:Adán y Eva de nuestra patria; lo que convierte a Cortés en el Padre de México y, como todo vástago requiere también de una madre, ésta no puede ser otra que La Malinche. He ahí la pareja fundadora; los mexicanos venimos a ser hijos del conquistador y, por tremendo que se escuche, hijos de la Chingada.
La otra “Chingada”, Isabel de Moctezuma, vivió como princesa. Sus hijos viajaron a Madrid para legitimar su linaje y nobleza. A su familia se le dio el título de Condes de Miravalle, y se les reconoció la propiedad del Valle de México, por lo que el gobierno virreinal se obligó a pagar una renta anual a la familia Moctezuma.
Como dato cultural, los Condes de Miravalle se quedaron en España, nada conquistados, ostentando títulos y recibiendo una rentita anual por el uso que Nueva España hacía del Valle de México. Sus descendientes viven hasta la fecha y pretenden, por cierto, que el gobierno mexicano siga asumiendo ese gasto. Podemos consolarnos al pensar que, por la forma en que se dieron las cosas y debido a la partida a España de los hijos de Isabel de Moctezuma, allá también hay hijos de la Chingada. Gracias de nuevo a Octavio Paz por la licencia literaria.
Malinche, como mito, representa una actitud mental del mexicano promedio; una relación de admiración-odio-temor a la mujer. Por eso el mexicano venera a su madrecita santa como Los tres García veneraban a su abuela, quien, por cierto, los educó como buenos machos mexicanos.
Al final, terminamos como pueblo huérfano: nuestro padre es Hernán Cortés, pero lo odiamos y renegamos ese origen; nuestra madre es Malinche, infame traidora chingada por el conquistador, por lo que la repudiamos también. Por eso una mentada es un gran insulto: le deseamos a alguien que le haga a su madre lo que el conquistador hizo con Malinche. También por eso nos inventamos una nueva madre para todos: la Virgencita.
El mexicano sustituyó a su madre violada por una celestial madre inmaculada. Y, dado que la madre determina el estereotipo femenino en el hijo, el macho mexicano busca mujeres de moral distraída para divertirse y probar su virilidad, pero a una virgencita para hacer su vida y tener hijos.
La mala noticia es que hay un solo camino para tener hijos; por eso el macho prueba su virilidad con todas menos con su mujer, porque a ella “la respeta”. Una vez nacidos los retoños, la mujer deja de ser esposa, compañera o amante, y se convierte en “la madre de mis hijos”. Pero como toda madre debe ser virgen como nuestra santa madrecita, la esposa recupera simbólicamente su virginidad. Ya no es esposa,sino madre y, como “señal de respeto”, el macho le es infiel a su mujer. “Esas cochinadas no las hago con la madre de mis hijos”. Entonces, ¿cómo se hizo madre desde un principio?
Este misterio de la naturaleza nos lleva a la conclusión de que en México todos somos hijos de una madre virgen, y de que parte de la abnegación de la madre está en renunciar a su sexualidad (por lo menos con su marido, que la está respetando). Así de torcida es la mente del mexicano promedio: venera a la mujer virgen, la colma de regalos y piropos encaminados a quitarle su virginidad, para luego despreciarla por haber cedido. Algo así como: “la mujer que esté dispuesta a acostarse conmigo, no es digna de ser mi mujer”. Por algo la canción ranchera es una combinación de exaltación y vilipendio de la mujer. Si el pueblo mexicano pudiera someterse a un psicoanálisis, comprendería y aceptaría que,por razones naturales, todos somos hijos de la Chingada, quizás entonces deje de llevarnos la IDEM.