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El presidente hipocrático

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Jorge Tamames
15/Mar/2016


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Hay frases que definen una vida entera en política. En el caso de Barack Obama, la frase, empleada en discusiones sobre política exterior pero aplicable al conjunto de su presidencia, es don’t do stupid shit. No hagas gilipolleces. El juramento hipocrático como principio rector: lo primero es no empeorar la situación.

Esa es, al menos, la premisa de un larguísimo artículo publicado por Jeffrey Goldberg en la influyente revista The Atlantic. Goldberg, neocon parcialmente reciclado, ubica el momento definitorio de la “doctrina Obama” en agosto de 2013. A finales de ese mes, con Bachar el Asad empleando armas químicas en Siria, rebasando la línea roja trazada por Obama, el presidente se posiciona en contra de su administración y evita, en el último momento, una intervención militar contra Damasco. Muchos enemigos y no pocos aliados entienden el gesto como una claudicación bochornosa. Lejos de avergonzarse, Obama recuerda esa decisión con agrado: es el momento en que da la espalda al establishment beligerante e histérico de Washington.

Conviene examinar la tesis de Goldberg con escepticismo. En realidad, la política exterior de Obama no representa el repliegue dramático que sus críticos denuncian día y noche. Desde 2009, la Casa Blanca ha redoblado los esfuerzos por ganar la guerra estéril de Afganistán, ampliado la presencia estadounidense en el Pacífico, intervenido en Libia y realizado un sinfín de operaciones secretas en Oriente Próximo y África. Las relaciones con Rusia continúan condicionadas por una mentalidad propia de la guerra fría. Mientras The Atlantic reflexiona sobre los instintos conservadores de Obama, el Pentágono inaugura bases de drones en África.

A pesar de todo, Goldberg refleja con precisión los dogmas de la política exterior estadounidense. Unos dogmas que el inquilino de la Casa Blanca no dinamita, pero erosiona. Don’t do stupid shit es una declaración blasfema en los círculos de opinión de Washington. EE UU nunca hace gilipolleces. Muy al contrario, es la “nación indispensable”, llamada a desfacer entuertos, apuntalar el orden internacional y rehacer el mundo a su imagen y semejanza. O Washington o el caos.

El entorno del hereje Obama no es inmune a estas veleidades. Nadie representa los impulsos hiperactivos en su administración mejor que Samantha Power, embajadora ante la ONU y autora de un estudio famoso sobre el genocidio de Ruanda. Power se considera una progresista comprometida con los derechos humanos, pero no tiene inconveniente en exportar sus ideas a golpe de intervención militar. Y si el resultado es un desastre, la curva de aprendizaje es nula. Cuenta Goldberg que Power irritaba a Obama, criticando sus reticencias ante otros asesores. “Basta, Samantha –le espeta el presidente en una ocasión–, que ya me he leído tu libro”.

En las antípodas del humanitarismo agresivo de su entorno, Obama toma como referencia a la generación de realistas políticos como Brent Scowcroft y George H. W. Bush, hoy prácticamente extinta. Su política exterior, como la de Scowcroft y Bush, exhibe aciertos considerables. Las aperturas diplomáticas en Irán y Cuba han rectificado posiciones que, durante décadas, lastraron la influencia de EE UU en Oriente Próximo y América Latina. El pivote hacia China, aunque errático, responde a una percepción adecuada de los retos estratégicos de EE UU en el Pacífico. Incluso en el ámbito del cambio climático, donde el progreso se realiza en dosis homeopáticas, la preocupación de Obama representa una mejora en comparación con la indiferencia de su predecesor. El talón de Aquiles de la acción exterior de EE UU tal vez sea su política comercial, anclada en los errores de los noventa y profundamente impopular.

Con todo, la “doctrina Obama” debiera ser recordada, en gran parte, por lo que evitó. La lista incluye intervenir en Siria, bombardear Irán y militarizar la crisis de Ucrania hasta un punto de no retorno. Ocurre algo similar con su política económica. Aunque garantizó la impunidad de Wall Street, Obama evitó unaustericidio como el de la zona euro. Es un logro tan modesto en términos absolutos como importante en términos relativos.

Obama es, fundamentalmente, un presidente hipocrático.Decepcionante para quienes se creyeron las promesas de su campaña en 2008 e inaceptable para quienes aún piensen que EE UU es la nación indispensable. Pero relativamente llevadero para el resto del mundo, que sufre los errores de EE UU más de lo que disfruta sus aciertos. Entre sus posibles sucesores, solo Bernie Sanders parece dispuesto a ahondar en la senda del autocontrol. Hillary Clinton, que se presenta como la heredera de Obama, siempre ha estado a su derecha en política exterior. El Partido Republicano sigue sumido en la estulticia de los años de Bush, y su candidato menos intervencionista tal vez sea Donald Trump.

No falta quien sueña con un tercer mandato de Obama, y no es difícil imaginar el porqué. Al menos no empeora la situación.


Fuente


"EE UU nunca hace gilipolleces. Muy al contrario, es la “nación indispensable”, llamada a desfacer entuertos, apuntalar el orden internacional y rehacer el mundo a su imagen y semejanza. O Washington o el caos."

Una perfecta síntesis del gobierno gringo.

Es precisamente por lo que podemos leer al final:

"El Partido Republicano sigue sumido en la estulticia de los años de Bush, y su candidato menos intervencionista tal vez sea Donald Trump."

que he querido traerles éste, en mi opinión, muy interesante artículo. Y es que este artículo se publicó, como han podido ver, el 15 de Marzo del 2016, cuando los republicanos todavía estaban definiendo a su candidato. Y es justamente por la liga que aparece en ese párrafo que me permito presentarles en la siguiente entrada el texto entero de la misma. Léanlo y verán que interesante se vuelve, sobre todo por haberse publicado (la citada referencia) ya hace más de dos años.
 
Donald Trump: ¿Candidato de la paz?

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Part of the New York Media
Eric Levitz
Febrero 1, 2016


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Todo lo que estamos diciendo es darle una oportunidad a Trump. Foto: William Thomas Cain


Para gran parte de América Azul, una Casa Blanca ocupada por Donald Trump es tan deseable como una ocupada por extraterrestres espaciales. Ningún otro candidato republicano se acerca a la impopularidad de Trump entre el público en general. Sin embargo, no está claro si Trump haría más daño a las prioridades progresistas que sus rivales republicanos: el magnate está realmente a la izquierda de su partido en materia de cuidado de la salud, derechos y gastos de infraestructura. Ahora, a medida que comiencen a emerger los detalles de la cosmovisión de la política exterior de Trump, los demócratas antiguerra pueden encontrar que "el Donald" es un comandante en jefe más atractivo que los supuestos "moderados" contra los que se enfrenta.

En una entrevista con Josh Rogin, de Bloomberg, el domingo, el asesor principal de políticas de Trump, Sam Clovis, expuso las tres tablas de la doctrina de la política exterior de los candidatos republicanos:

"Primero, queremos tener una visión del mundo muy clara en nuestra política exterior, tratar con el interés nacional, y dejar que sean nuestros principios de organización. Dos es que queremos asegurarnos de que participemos en mercados libres, pero también queremos que esos mercados sean más justos. Y tres, si no tenemos una fuerte recuperación económica, no podemos hacer las otras dos ... si esa no es una doctrina de Trump, no sé lo que es ".

Rogin señala que la definición de Trump del interés nacional es mucho más estrecha de lo que exige la ortodoxia republicana, esencialmente descartando el uso de la fuerza militar para fines de promoción de la democracia o intervención humanitaria. En lugar de tratar de cambiar a los regímenes antipáticos y autocráticos militarmente, "Trump cree que el compromiso económico conducirá a la apertura política en el largo plazo", escribe Rogin. "No cree que el gobierno de los EE. UU. Deba gastar sangre o tesoro tratando de cambiar los sistemas de otros países".

En la narración de Clovis, la estrategia geopolítica de Trump remite al "realismo" clásico, una doctrina que premia el pragmatismo por la ideología, una que se parece más a las posiciones de Obama en el segundo mandato que el neoconservadurismo intervencionista de Jeb Bush o Marco Rubio. "Reagan iría detrás de Gadafi, pero haría negocios con Saddam", le dijo Clovis a Bloomberg, comparando la doctrina de Trump con la realpolitik de Reagan. "Es caso por caso de lo que interesa a Estados Unidos".

Aunque Trump se ha burlado ferozmente del acuerdo nuclear de Obama con Irán, su crítica se ha centrado en los términos del acuerdo, no en la conveniencia de tratar diplomáticamente con Irán. La retórica de la política exterior de Trump rebosa de machismo, pero sus fantasías sobre la dominación alfa se establecen a menudo en una mesa de negociaciones, no en un campo de batalla.

Mientras que Marco Rubio, Jeb Bush y Hillary Clinton han pedido establecer una zona de exclusión aérea en Siria, un acto que conllevaría derribar aviones rusos, Trump no ha mostrado inclinación a iniciar una segunda Guerra Fría. El magnate ha propuesto la guerra total contra el ISIS, pero parece creer que los estados genuinos, incluso los hostiles, pueden razonar. Según Clovis, Trump ve a Putin y otros dictadores como hombres de negocios simplemente tratando de promover los intereses de sus respectivas organizaciones. Esta perspectiva pone un brillo corporativista en la diplomacia empática que los "realistas progresistas" como Robert Wright han defendido.

Para estar seguros, todavía hay mucho para que los liberales teman y aborrezcan al comandante en jefe Trump. A veces, el favorito del Partido Republicano parece ser escéptico de los derechos humanos, no solo como motivo de intervención, sino también como un concepto que vale la pena honrar de alguna manera. En múltiples discursos, Trump ha pedido el castigo colectivo de mujeres y niños en el territorio de ISIS. Y los internacionalistas liberales encontrarán poco que alegrar la afición de Trump a los autócratas amigos, incluido el derrocado cleptócrata egipcio Hosni Mubarak.

Pero después de la catástrofe de los neoconservadores en Irak y del desastre de Libia en el caso de los intervencionistas humanitarios, muchos progresistas deberían ver un atractivo en la actitud de Trump hacia los asuntos exteriores. De hecho, muchas de las declaraciones de política exterior de Bernie Sanders: su escepticismo hacia la intervención, la insistencia en que los "mooslems" se apropien de los conflictos del Medio Oriente y su elogio del líder autocrático de Jordania, están todos en línea con la doctrina Trump.

Una presidencia de Trump es seguramente una perspectiva aterradora. Pero el Donald puede ser un mayordomo más confiable de los códigos nucleares que los halcones del establishment como Marco Rubio y Jeb Bush, siempre y cuando ningún líder extranjero lo insulte en Twitter, por supuesto.

NOTA:- El artículo original está en inglés. Traducción propia.


Fuente


"... el magnate está realmente a la izquierda de su partido en materia de cuidado de la salud, derechos y gastos de infraestructura."

A la distancia, ya con "el Donald" instalado en la Casa Blanca, se ve que no había nada más alejado de la realidad que ésta aseveración.

"Rogin señala que la definición de Trump del interés nacional es mucho más estrecha de lo que exige la ortodoxia republicana, esencialmente descartando el uso de la fuerza militar para fines de promoción de la democracia o intervención humanitaria. En lugar de tratar de cambiar a los regímenes antipáticos y autocráticos militarmente, "Trump cree que el compromiso económico conducirá a la apertura política en el largo plazo", escribe Rogin. "No cree que el gobierno de los EE. UU. Deba gastar sangre o tesoro tratando de cambiar los sistemas de otros países"."

Otra más de las falacias que acompañaron a Trump. Los HECHOS actuales demuestran EXACTAMENTE LO CONTRARIO a lo que Rogin declarara en aquéllos ahora ya lejanos inicios del 2016. Trump decía justamente que con él el frente los USA ya no serían más la policía del mundo. ¿Verdad que no?

""Reagan iría detrás de Gadafi, pero haría negocios con Saddam", le dijo Clovis a Bloomberg, comparando la doctrina de Trump con la realpolitik de Reagan."

¿Así, o más cínico? Típico del intervencionismo selectivo (intere$e$ de por medio) del gobierno yanqui.Y más si a quien está al frente sólo le interesa el $$$$.

"Mientras que Marco Rubio, Jeb Bush y Hillary Clinton han pedido establecer una zona de exclusión aérea en Siria, un acto que conllevaría derribar aviones rusos, Trump no ha mostrado inclinación a iniciar una segunda Guerra Fría."

¿En serio?

"Según Clovis, Trump ve a Putin y otros dictadores como hombres de negocios simplemente tratando de promover los intereses de sus respectivas organizaciones. Esta perspectiva pone un brillo corporativista en la diplomacia empática que los "realistas progresistas" como Robert Wright han defendido."

¿Así, o más claro? Para Trump todo es hacer bi$ne$$. Incluso el estar en la Casa Blanca. No son los intereses del país los que cuentan, sino los de... "el Donald". Vaya un término tan más cínico ese de "diplomacia empática".

Parece ser que, como lo demuestran los hechos, la sinonimia entre la política exterior de Trump y la promovida por el ex-candidato demócrata Bernie Sanders no son tan parecidas.

Para terminar, no sé si para con ello intentar brindarnos seguridad, el autor nos recetaba que:

"... el Donald puede ser un mayordomo más confiable de los códigos nucleares que los halcones del establishment como Marco Rubio y Jeb Bush, siempre y cuando ningún líder extranjero lo insulte en Twitter, por supuesto."

¡UF! Nos quitó un peso de encima :D

En suma, "el Donald" engañó a propios y extraños, mintiéndoles, algo en lo que es UN EXPERTO. Sus promotores ahora deben estar buscando fórmulas para tratar de "justificar" sus garrafales pifias respecto a su concepción de "el Donald".
 
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