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Completando la fábula de los cangrejos mexicanos.
“Resulta que fue un mexicano al mercado de mariscos y después de comer unos tacos de pescado, decidió comprar unos cangrejos, de esos que venden vivos y los tienen en canastas.
Pasó al primer puesto y el encargado le enseñó unos cangrejos dentro de una canasta bastante alta, la cual estaba tapada con una tabla, el mexicano le preguntó: “Por qué están tapados con una tabla?”, Ah!, -dijo el vendedor- es que son cangrejos gringos, y si no los tapo, pues empieza uno a escalar hasta que por esfuerzo propio salta de la canasta y se escapa, y si no los tapo, pues me quedo sin cangrejos!!.
Umh! -expresó el mexicano y se fue al siguiente puesto-, ahí estaba una
canasta mucho más alta y tapada con una tabla y dos ladrillos. Como resultado de la misma pregunta el vendedor dijo: “Son cangrejos japoneses y cuando uno se quiere escapar, empieza a apoyarse en los demás, y éstos van empujándolo hacia arriba apoyados en otros y así sucesivamente, de tal manera que se forma una pirámide hasta el borde y entonces el cangrejo se escapa.
Oh!, que bien -pensó el mexicano y se fue al último puesto-, ahí estaba
una canasta de cangrejos con un pequeño borde y destapada. ¿Y esta por qué está tan desprotegida, no le da miedo que se le vayan a escapar? –pregunta al vendedor- No, no hay problema -dice éste- son cangrejos mexicanos, cuando uno está tratando de sobresalir, entre todos se encargan de jalarlo pa’bajo…”
Esa fábula cala hondo entre muchos mexicanos impresionables. Este escenario de asalto moral e intelectual que supone la moraleja de dicha fábula hay que decir que se apoya en una cultura culpígena centenaria impulsada por la religiosidad que impera en México y que como mazo a diario machaca los ánimos de millones de mexicanos casi desde que se levantan hasta que se vuelven a tirar en la cama. Esta culpigenoidad –permítaseme la expresión- nada tiene que ver con creer o no en Dios, más bien esto de lo culpígeno pasa por otra vía en la psique humana de ahí que permee tanto en sociedades como la mexicana.
Sin embargo hoy propongo una versión distinta de dicha fábula, empecemos. Lo que no dice la fábula es ¿qué hicieron los cangrejos que trataban de “sobresalir” para que los otros cangrejos los jalonearan hacia abajo? Y he aquí una respuesta posible, incluso probable: abusaron, pisotearon, violaron derechos individuales y colectivos e incluso su “sobresaliente” comportamiento tiene más de crimen que de valerosa acción, veamos. Lo que no dice la fábula es que los dichosos cangrejos “sobresalientes” para llegar a donde estaban cuando los jalonearon tuvieron que trepar sobre los otros, pisotearlos, escupirlos etc.
Y es que lo que no plantea la fábula, lo que pierde de vista es el contexto. Porque contrario a lo que se buscaba con las fábulas clásicas donde la moraleja es para bien y tiene como meta algún tipo de aprendizaje que sirva al crecimiento de quien la escucha resulta que ésta fábula de los cangrejos mexicanos tiene como fin todo lo contrario, desanimar y promover la resignación y el fatalismo como forma de vida vía la culpa. Una persona desanimada, desesperanzada, y una sociedad igual sin ánimos, sin esperanza de un mejor futuro es fácilmente controlable y manipulable. ¿Por qué los que promueven la fábula cual versículo bíblico no hablan del contexto? No lo sabemos, si acaso sospechamos apenas, pero el asunto es que llevando las imágenes de la “canasta de cangrejos mexicanos” a los terrenos de la metáfora resulta que dicha canasta es nuestro contexto y el sistema socioeconómico que nos tocó vivir, o mejor dicho padecer a casi todos y todas.
Si por tanto tiempo se promueve la competitividad descarnada sin ética, sin valores y en ambientes de corrupción abuso y violencia institucionalizada (machismo, libre comercio, libre mercado misoginia, matriarcado, patriarcado etc) no es de extrañarse que para “sobresalir” como en la fábula la vía sea precisamente la trazada por delante: el abuso, la violencia, el maltrato, la violación de los derechos individuales y colectivos. Luego entonces, regresando a la fábula, el hecho de que el resto de los cangrejos bajara a los que los pisoteaban no es un acto que denote una tendencia de envidia o egoísmo por parte de los y las mexicanas como propone entre líneas la fábula, sino más bien hay que verlo como un acto de justicia donde se les regresa a que rindan cuentas por su comportamiento.
La tarea ahora es ver que como sociedad podamos trazar nuevas vías de convivencia, desarrollo y desenvolvimiento tanto a nivel personal como a nivel social que no se sustenten, que no se apoyen en el abuso y la violencia como mecanismos para destacar. Y no, no se espanten tampoco se trata de “estar unidos” como propone la derecha para inmediatamente sabotear su premisa precisamente para nunca estarlo y luego seguir alimentando la culpa en la población y remachar la operación con sus otras trampas verbales del tipo “¿ya ven? Están jodidos porque quieren!” y de ahí saltan a la otra inevitable luego de esta “tenemos el gobierno que merecemos” y de ahí de vuelta a la canasta de cangrejos “sálvese quien pueda!” “yo mejor me voy! ahí se quedan! –y se chingan-” no, no es necesario “estar unidos”; basta con saber que las alianzas estratégicas no solo son posibles sino que son necesarias y me atrevería a afirmar que en algunos casos urgentes. Hasta aquí mi versión de la fábula de los cangrejos mexicanos, ¿se pueden elaborar otras que nos desatoren de la culpa?
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