pintorloco
Bovino maduro
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MÉXICO, DF, marzo 06 (EL UNIVERSAL).- Como hace 30 años, cuando la gente de distintos estratos sociales podía ir al cine con su familia sin gastar grandes cantidades de dinero, han comenzado a surgir cadenas exhibidoras que buscan volver a ello.
Exhiben películas de estreno, pero el boleto apenas supera los 20 pesos, casi la mitad de lo que cuesta en Cinépolis y Cinemex, y las palomitas y refrescos oscilan en los 15.
Los asientos y la proyección no demeritan con los de los grandes consorcios, hasta habrá salas en 3D.
Estos cines no estarán en las grandes ciudades sino en poblaciones como Ramos Arizpe, Coahuila, en las que varias personas jamás habían asistido a una sala cinematográfica.
Se trata de la cadena Cinemagic, que ya opera unos 60 cines en siete entidades; Cinelux, cuya primera sala será lanzada en unas semanas más, y hasta el mismo monstruo Cinépolis, que en breve hará el anuncio de cómo le entrará a este mercado.
"La idea es llegar a la gente de escasos recursos", comenta Simón Bross, socio de Cinemagic. "Cuando iniciamos pensamos en no construir salas en lugares como Guadalajara, sino en sitios en los cuales simplemente la gente no sabía qué era eso, porque realmente es poca la que va a los cines, por los precios", comenta.
Y tiene razón. Según cifras de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (CANACINE), al año sólo el 20 por ciento de mexicanos asiste a una sala.
Un boleto cuesta en promedio 50 pesos,y hay que sumar dulces, que oscilan en cantidades similares.
Lejos quedaron los días en que existía la exhibidora COTSA, apoyada por el gobierno federal, que sostenía los precios bajos en los boletos, aunque eso sí, tenía salas en mal estado.
Así que la gente se ha alejado de los cines. "Y eso es una tragedia nacional", considera el director Alfonso Arau, quien al frente de Cinelux pretende contar con 3 mil salas en cinco años. La primera estará ubicada en Teoloyucan, Estado de México.
Sus cines operarán a través de franquicias: una persona pone el terreno y un millón de pesos y lo faltante es por crédito de la Secretaria de Economía. "Es el pueblo comprando sus cines. Pero además habrá en ese lugar internet, café, lugar de conciertos, para teatro, a bajo costo, es un proyecto integral", comenta Arau.
Cinelux, como Cinemagic, destinará un porcentaje de sus salas para exhibir cine iberoamericano y mexicano, cuya mayoría de títulos apenas es sostenido dos semanas, dependiendo de la respuesta en taquilla.
Y como el mercado para los sectores más pobres es grande, Cinépolis ya se apresta para incursionar en él. Sin dar muchos detalles, Alejandro Ramírez, director general, dice: "Estamos preocupados por desarrollar nuevos formatos, los estamos afinando, negociando con distribuidores. Nos interesa porque hay un mercado".
Éste ya es atacado por Cinemagic en lugares con, por ejemplo, 600 mil habitantes. La cadena permite los viernes la entrada gratuita a niños con capacidades diferentes y regala palomas y refrescos. "En los pueblos, donde antes los jóvenes se iban a tomar, o le daban vueltas al kiosko, han convertido a los cines en su punto de reunión, es una verbena", dice Bross.
Exhiben películas de estreno, pero el boleto apenas supera los 20 pesos, casi la mitad de lo que cuesta en Cinépolis y Cinemex, y las palomitas y refrescos oscilan en los 15.
Los asientos y la proyección no demeritan con los de los grandes consorcios, hasta habrá salas en 3D.
Estos cines no estarán en las grandes ciudades sino en poblaciones como Ramos Arizpe, Coahuila, en las que varias personas jamás habían asistido a una sala cinematográfica.
Se trata de la cadena Cinemagic, que ya opera unos 60 cines en siete entidades; Cinelux, cuya primera sala será lanzada en unas semanas más, y hasta el mismo monstruo Cinépolis, que en breve hará el anuncio de cómo le entrará a este mercado.
"La idea es llegar a la gente de escasos recursos", comenta Simón Bross, socio de Cinemagic. "Cuando iniciamos pensamos en no construir salas en lugares como Guadalajara, sino en sitios en los cuales simplemente la gente no sabía qué era eso, porque realmente es poca la que va a los cines, por los precios", comenta.
Y tiene razón. Según cifras de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (CANACINE), al año sólo el 20 por ciento de mexicanos asiste a una sala.
Un boleto cuesta en promedio 50 pesos,y hay que sumar dulces, que oscilan en cantidades similares.
Lejos quedaron los días en que existía la exhibidora COTSA, apoyada por el gobierno federal, que sostenía los precios bajos en los boletos, aunque eso sí, tenía salas en mal estado.
Así que la gente se ha alejado de los cines. "Y eso es una tragedia nacional", considera el director Alfonso Arau, quien al frente de Cinelux pretende contar con 3 mil salas en cinco años. La primera estará ubicada en Teoloyucan, Estado de México.
Sus cines operarán a través de franquicias: una persona pone el terreno y un millón de pesos y lo faltante es por crédito de la Secretaria de Economía. "Es el pueblo comprando sus cines. Pero además habrá en ese lugar internet, café, lugar de conciertos, para teatro, a bajo costo, es un proyecto integral", comenta Arau.
Cinelux, como Cinemagic, destinará un porcentaje de sus salas para exhibir cine iberoamericano y mexicano, cuya mayoría de títulos apenas es sostenido dos semanas, dependiendo de la respuesta en taquilla.
Y como el mercado para los sectores más pobres es grande, Cinépolis ya se apresta para incursionar en él. Sin dar muchos detalles, Alejandro Ramírez, director general, dice: "Estamos preocupados por desarrollar nuevos formatos, los estamos afinando, negociando con distribuidores. Nos interesa porque hay un mercado".
Éste ya es atacado por Cinemagic en lugares con, por ejemplo, 600 mil habitantes. La cadena permite los viernes la entrada gratuita a niños con capacidades diferentes y regala palomas y refrescos. "En los pueblos, donde antes los jóvenes se iban a tomar, o le daban vueltas al kiosko, han convertido a los cines en su punto de reunión, es una verbena", dice Bross.