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Algunas veces las cosas no salen como uno las espera (Final)

hombrenet

Becerro
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9 Mar 2012
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13
Ojalá, antes lean los otros relatos.
Parte 1
Parte 2

Después del último encuentro, sucedieron muchas cosas, no sabía en qué momento escribir esta última parte, porque no sabía el final, sin embargo, hoy creo saberlo. Aunque me hubiera gustado otro final… algunas veces las cosas no salen como uno la espera.
Después de aquel gran encuentro que tuve con Karen, desafortunadamente, ella ya no regresó a la escuela. Cada día que pasaba, mi corazón se sentía con más tristeza. Intuía que estaba bien, porque las malas noticias corren muy rápido. Le pregunté a su inseparable amiga, para que me diera alguna información, pero lo único que me decía es: “no sé de ella”, aunque cada vez que le preguntaba, me evadía, sabía que si sabía y confirmaba que estaba bien.
Así estuve por dos meses, aproximadamente, hasta que un día, su amiga Anita, antes de salir del salón, me dejó un papel doblado. Cuando todos se habían ido, lo abrí con los dedos temblorosos, y era la nota que siempre había esperado: “Espéreme atrás de los laboratorios. A las 6, porfa. K.”
Mi sangre hirvió en un segundo, mi corazón aumentó su latido, no sé cómo describir con letras lo que sentí, creo que hay sentimientos que no se pueden describir, lo único que puedo decir es que, una lágrima me salió de la alegría. Faltaban dos horas para las 6, fueron las dos horas más largas de mi vida.
Eran aproximadamente 5:40, y yo ya estaba detrás de los laboratorios. Estaba casi temblando, no había estado tan nervioso com en esa ocasión.
“Detrás del laboratorio”, es un lugar alejado de los salones, casi no llegan alumnos, porque es cuidado por personal de seguridad privada del instituto, precisamente para no hacer mal uso del solitario lugar. Hay algunos árboles, sombra, pequeños arbustos y una maravillosa vista de cómo se esconde el sol.
Estaba sentado en una banqueta (detrás del laboratorio), cuando escuché los pasos de alguien, de inmediato volteé, y era una mujer preciosa, la misma que estaba esperando por tanto tiempo. Su mirada, su sonrisa, sus labios, su cabello, su perfume… todo era perfecto, definitivamente estaba enamorado.
Quise abrazarla, darle besos, acariciarla… pero sólo pude decirle con una gran sonrisa: “hola”. Estoy seguro que mis ojos delataron toda mi alegría. Había tantas preguntas que hacer, pero no sabía cómo hacerlas. Tampoco podía tocarla, porque no era ese el lugar adecuado, porque, aunque era un lugar privado, podría llegar personal de seguridad privada.
- ¿Por qué no has llegado a la escuela? Vas a reprobar, ¿estás bien? – le pregunté
- Todo está bien – me sonrió – pero ya no regresaré.
Al escuchar estas palabras, fueron como puñaladas en mi corazón, que me llevaron hasta sentir un fuerte mareo. No sé qué me pasó.
- ¿Por qué?
- Perdóneme, no puedo decirle, sólo quise venir a darle las gracias por los momentos que pasé con usted, los recuerdo siempre.
Iba volver a hacer la misma pregunta, pero ella se acercó y con un dedo, provocó que ya no preguntara más. Realmente no supe lo que estaba pasando, nunca lo entendí. Yo estaba sentado en un pedazo de banqueta, detrás del laboratorio, pero estaba pequeño, por lo que me recargaba con la espalda en el laboratorio. Cuando sentí el dedo de Karen en mi labio para callarme, le tomé la mano y, la sentí suave y cálida. Bajé su mano sin soltarla y jugué con ella.
Karen llevaba una falda de flores moradas y rojas, que le llegaba poco arriba de la rodilla. Una blusa blanca de botones, metida en la falda, y zapatos morados obscuros.
Estuvimos varios minutos sin hablar, sólo jugando con nuestras manos; hasta que ella se acercó más a mí, volteó a todos lados y con su mano libre (izquierda), me tocó el estómago como señal de caricia, y me dijo: “perdóname, no puedo decirte más”.
Ella tenía una vista directa hacia el único camino por el que podrían llegar los de seguridad, constantemente veía hacia adelante, y con su mano siguió acariciándome, bajando ligeramente su mano, y sin titubear, llegó a mi ingle. Yo ya estaba completamente alborotado. Bajó con suavidad el cierre de mi pantalón, y acercó sus labios con una gran ternura…
- Es la primera vez que lo hago, si le duele, me dice – me dijo.
Sacó mi miembro del pantalón con su mano izquierda, se agachó ligeramente y se lo metió a la boca suavemente. Mientras hacía eso, con su mano derecha me acariciaba el pecho, el estómago y la ingle. No puedo describir la sensación. Se sentía una boca cálida y húmeda. En ocasiones dolía, cuando eso pasaba, hacía algún gesto y ella lo entendía y cambiaba de inmediato la posición. Qué maravilla de mujer, cada vez mordía menos, y me hacía disfrutar más. Sacaba y metía, y de reojo volteaba si alguien venía.
Ya estaba muy duro mi miembro, y a ella la veía cómo se excitaba, porque hacía algunos gemidos. Se detuvo, sus labios estaban rojos, al igual que sus rostro, se subió un poco la falda, se metió la mano por abajo y con movimientos rápidos, se aflojó su tanga morada (por lo que veo, tiene esos gustos por el color morado), y se los sacó por abajo. Sin pensarlo, cuando se lo sacó, lo metió en mi maleta de computadora (abriendo suavemente el cierre).
Volteo si venía alguien (no venía nadie), se acercó a mí, subió su falda, tomó mi miembro, se paró casi de puntitas y sin pensarlo, se lo metió todita. Yo hice algunos movimientos para ayudarle, y comencé a disfrutar. Ella se movía ricamente, le tomé de la cintura y la jalaba y la empujaba ligeramente. Lo estábamos disfrutando.
Llegó un momento, en el que olvidé todo, lo único que quería, era disfrutar, le abrí dos botones de su blusa, suficientes para llegar a sus pechos, me los comí al compás del movimiento de nuestros sexos y lo disfrutamos, por muchos minutos… Hasta que sentí cómo recorrió una fuerte sensación en todo mi cuerpo… hasta que me vine totalmente dentro de ella.
La abracé como pude, sólo unos segundos, ella se separó, se acomodó la ropa y me dijo:
- Me tengo que ir.
- No te vayas así, dime qué puedo hacer para estar contigo.
- Nada, me tengo que ir, lo siento.
- Vente conmigo, quédate en mi casa – No sé cómo me salieron estas palabras, no pensaba, sólo decía lo que sentía, mis palabras eran sinceras. Ella se dio cuenta, miró un momento hacia abajo, y después me dijo “gracias”, me dio un beso… y comenzó a dar pasos para irse.
De inmediato me levanté para acompañarla, pero ella volteó y me dijo: “porfavor, no me siga”. Así que me regresé, y vi cómo ella se comenzó a alejar lentamente. El lugar estaba comenzando a obscurecer, vi como la mujer que amo, se alejaba junto con el día.
Hasta muy lejos, entre unas plantas, se sentó (posiblemente en una banqueta, o una piedra), miró hacia abajo y se quedó así unos momentos. Después se comenzó a tallar los ojos, era evidente, estaba llorando. ¿Por qué son así las mujeres? ¿Por qué no se permiten disfrutar la vida? ¿Por qué tienen creencias que las alejan de su verdadera felicidad? Hubo tantas preguntas en mí, pero tampoco pude evitar llorar. Lloré y lloré como un niño. Descargué todo el sentimiento que tenía guardado por más de dos meses sin verla. Lloré por mi impotencia, lloré sin saber cómo dejar de llorar. Que yo recuerde, nunca había llorado tanto como lo hice en esa ocasión.
Me armé de valor, pensé que no debía dejar a la mujer que amo, le levante, y caminé hacia ella, iba completamente decidido a tenerla para mí, caminé con seguridad, pero seguramente ella me vio, se levantó y se perdió…
Fue la última vez que la vi. Ya no volví a saber algo de ella. Su amiga nunca me dijo nada, aun cuando le preguntaba, quise respetar su decisión y ya no quise preguntar mas.
Pasó el tiempo, terminó el semestre, inició el siguiente semestre, tampoco la volví a ver, y precisamente hoy, decidí renunciar a mi trabajo. No puedo seguir así. Hay tantos recuerdos, que seguir ahí, es como morir más rápido. Sé que ya no regresará a la universidad, ya no tiene caso seguir esperando.
Lo que no haré, es cambiarme de casa, tengo la esperanza que algún día, toquen el timbre, y al abrir sea ella, con una maleta, diciéndome que ya lo pensó y que si desea venirse a vivir conmigo, aunque ya ha pasado mucho tiempo, y esto también ya lo veo más difícil.

Gracias a todos por leerme, es la última vez que escribo esta historia, porque con mucha tristeza digo que “ya terminó”. Aún tengo vivo el dolor de su ausencia, y mientras escribí esta última parte, tuve que detenerme varias veces, porque las lágrimas de ganaron.
Lo último que puedo decirles es: disfruten a la persona que aman, díganle todo lo que sienten, no esperen a que se acabe el tiempo. No pierdan la oportunidad de ser felices. Respeten a su pareja, cuídenla, apóyense… ahora que están juntos, disfrútenlo.
 
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